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Cambio climático

Una mano de dedos de agua de sal
extiende su enormidad
sobre las calles de la ciudad,
los tejados de los edificios,
los árboles de los parques,
las ratas entre los desperdicios,
vagabundos sin techo
y ricos en sus mansiones miniatura.
El brazo que la sostiene tiene el hombro en el norte,
hielo con hielo calentándose,
y así la mano engrandece su tamaño,
cada vez más,
cada vez más,
invisible a segundos,
notable a años.
Digamos adiós al futuro de nuestra ciudad,
y adiós, ¡adiós!
Al de todas las ciudades y pueblos del mundo
que se alzan junto a la costa moribunda.

 

Autodestrucción

Sin naturaleza no podemos vivir,
nos alimentamos de ella,
respiramos el oxígeno de miles de plantas,
robamos sus frutos para nuestro estómago,
nutrimos a sus criaturas para luego zamparlas.
Así pues,
¿por qué nos apartamos de ella,
encerrados en jaulas de cemento y cristal,
por qué la destruimos con malos humos,
malos líquidos,
y malos sólidos?
No nos quedará nada sin ella,
sin ella nada somos.

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