Saga Sin pruebas no os creeré

Una saga de fantasía urbana. El fenómeno de la reencarnación destruye las fronteras entre pasado y presente; una maldición comienza como castigo por el deseo de venganza. La Tribu del Lago no teme a la muerte y desea acabar con esa maldición que no permite que sus espíritus se fundan con la Madre Naturaleza. Los pieles rojas deben adaptarse a la evolución de la historia, la tecnología y las culturas en su búsqueda durante los siglos de la mujer que puede salvarlos.
Esta es una aventura mágica llena de acción donde el presente deja paso a capítulos del pasado de la Tribu del Lago y sus principales guerreros; escenas fantásticas mezclan acción y magia en localizaciones reales del mundo actual. Verás magia, acción, amor, fantasía, y sobre todo personajes muy especiales con particularidades que los hacen únicos… Algunos incluso tienen poderes sobrenaturales.

Por el momento cuenta con dos partes publicadas. La tercera está en camino.

PÁGINA WEB OFICIAL: https://luciaheve.wixsite.com/sinpruebasnooscreere

En la web encontraréis información detallada sobre la sinopsis, personajes, reseñas, fragmentos, entrevistas…

Primera parte: Sin pruebas no os creeré

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Todo era normal hasta que un día Eva conoció a un chico tímido de ojos ambarinos y extraño acento. Entonces la acción llegó a su vida, la magia y la fantasía rompieron todos sus esquemas de la realidad.
El fenómeno de la reencarnación destruye las fronteras entre pasado y presente; una maldición comienza como castigo por el deseo de venganza. La Tribu del Lago no teme a la muerte y desea acabar con esa maldición que no permite que sus espíritus se fundan con la Madre Naturaleza. Los pieles rojas deben adaptarse a la evolución de la historia, la tecnología y las culturas en su búsqueda durante los siglos de la mujer que puede salvarlos.
Esta es una aventura mágica llena de acción donde el presente deja paso a capítulos del pasado de la Tribu del Lago y sus principales guerreros; escenas fantásticas mezclan acción y magia en localizaciones reales del mundo actual. Verás magia, acción, amor, fantasía, y sobre todo personajes muy especiales con particularidades que los hacen únicos… Algunos incluso tienen poderes sobrenaturales.
RESEÑAS:

 

https://luciaheve.wordpress.com/2016/08/01/recopilacion-de-resenas-y-comentarios-a-mi-novela-sin-pruebas-no-os-creere/

 

COMENTARIOS QUE PODEMOS ENCONTRAR EN AMAZON:

“Se trata de una historia rica en la mezcla de géneros, aunque el principal sea el fantástico, podemos encontrar otros como el romántico o el histórico. Contiene además una documentación muy completa y me ha encantado la manera de contar la historia, alternando lo que ocurre en la época actual con lo que ocurrió en el pasado, es una interesante mezcla de lo moderno con lo ancestral. Me ha parecido fascinante la idea de ver una tribu antigua adaptarse a la actualidad, a distintas épocas y a diferentes culturas.
El estilo escrito de la historia es muy fluido y su lectura, además de interesante,se hace ágil y amena. También tengo que resalta que me ha gustado mucho la portada, pues la máscara juega un papel fundamental.
¡Una lectura muy recomendable para los amantes de la fantasía y la aventura!”.

“Este libro nos abre la puerta al mundo de los indios nativos de América. Nos muestra una forma de vida completamente diferente a la nuestra, unas creencias en la fuerza de la naturaleza que personalmente me atraen mucho.
Me ha gustado mucho la forma de ir descubriendo algunos de los misterios que se presentan hacia el principio de la novela. Otros, no se nos revelan e imagino que podremos descubrirlos en el segundo libro. Tengo ganas de leerlo, ya que el final me ha dejado muy intrigada.
No me he sentido enganchada en todo momento, pero sí hacia el final, cuando he ido descubriendo más cosas y no podía parar de leer.
Recomendaría esta lectura a cualquiera que disfrute del género de aventuras y/o fantasía, ya que tiene de todo. Por un lado encontramos bastante acción, magia vinculada a la naturaleza (que a mí me encanta) y también una parte de la historia de los pieles rojas sobre los que trata el libro. ¡Muy recomendable!”.

“Un libro muy bien redactado de una escritora, Lucía Herguedas, que no conocía. Interesante el personaje Biagio, que no te deja indiferente en toda la historia. Un tanto largo, pero se lee rápido”.

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ENTREVISTA: http://annabelnavarro.com/…/lucia-herguedas-la-autora-de-s…/

Heta se colocó al lado de Tadi y él le sonrió. Tadi siempre había sentido un profundo respeto por la magia de esa máscara, llegando a algo cercano al miedo. A veces tenía la sensación de que los poderosos espíritus que la poseían podrían liberarse en cualquier momento y atacarlos.

 

 

 

Constantin hizo uso de su olfato y su agudísimo oído, y entonces captó tres presencias humanas en el salón de su casa. Desacostumbrado a ese tipo de situaciones, no supo cómo reaccionar. Su primer impulso fue saltar sobre los visitantes no deseados, sin preguntas ni control… Pero su lógica le dijo que no eran modales. Quizás no tuviesen malas intenciones.
—Lobo, deja ya de pensar tanto y ven aquí. Sabemos que te has dado cuenta de que estamos allanando tu propiedad —dijo una voz masculina y grave en francés desde el salón.
¿Pero qué demonios…?, repitió en pensamiento Constantin al reconocer la voz del visitante.
—Y también sabemos que estás desnudo, así que colócate una toalla antes, por el bien de todos —añadió otra voz.
Constantin, mosqueado, regresó al baño y se cubrió con una toalla que enrolló alrededor de la cintura, y luego fue andando lentamente hasta el salón, dejando un rastro de huellas de pies mojados. Su melena rizada y empapada goteaba sobre su espalda y sus pectorales musculosos y le provocaron escalofríos.
Al llegar al salón, cuya lámpara estaba encendida, se quedó unos instantes en el umbral de la puerta para estudiar la situación.
Tres hombres adultos se encontraban en el interior esperándole con impaciencia. El mayor estaba de pie junto a la ventana, mirándole sonriente como un padre bonachón que ha pillado a su crío haciendo alguna travesura. Los otros dos estaban sentados en SU sofá con los pies sobre la mesita de madera donde tenía siempre los mandos de la televisión y del aire acondicionado. Los tres poseían rasgos amerindios, pieles oscuras con un tono dorado, cuerpos delgados y definidos, con ropas modernas pero melenas largas y lisas.

 
 

 Las hazañas de Xiana y sus guerreros se convirtieron en una leyenda temida por los terratenientes, traficantes de esclavos y demás abusadores, y admirada por los liberados y los ciudadanos que eran salvados de los atracadores en los caminos o de los violadores en las calles de las ciudades. Porque con el tiempo Xiana empezó a patrullar las calles por la noche, disfrazada con sus ropas indias y la cara tapada con una máscara de plumas, y se convirtió en una heroína. Protectora de los pobres y los justos, liberadora de esclavos, castigadora de alcaldes abusones, violadores, ladrones y atracadores. El emplumado, la llamaban.
Muchos veían en ella un guerrero piel roja enviado por los espíritus de sus antepasados asesinados por los conquistadores europeos, y cuya misión era acabar con las injusticias y enseñar a los pieles pálidas la verdadera forma de convivir con los animales y la naturaleza.

 

Eva se detuvo en cuanto su nariz estuvo prácticamente en contacto con el cristal de la vitrina. Su aliento se dibujó en la superficie y la limpió rápidamente con la manga de la camisa, con sensación de urgencia. Algo tiraba de ella hacia dentro de la vitrina, casi como obligándola a traspasar el cristal por la fuerza.
Se fijó en todos los detalles de los colores y dibujos geométricos de cada látigo. Uno entrelazaba tiras de diferentes tonalidades de azul y su mango dibujada rombos azules sobre un fondo negro. El otro era completamente igual, salvo que sus colores alternaban amarillos más oscuros sobre otros más claros. La luz de la vitrina se reflejaba en el cuero haciéndolo parecer brillante, nuevo y recién teñido.
—Esos látigos tienen más de trescientos años y parecen recién fabricados —explicó Heta acercándose a Eva—. Pertenecieron a Xiana.
—¡Xiana! Entonces ella fue real, existió de verdad… —respondió Eva pegando la cara al cristal, que se volvió a empañar.
—Ya te dije que la leyenda sucedió tal y como te la conté —insistió Heta. Al llegar a su lado, le acarició un brazo—. ¿Quieres cogerlos?

 

Un tercero apuntó a Lobo con su arma y disparó casi a bocajarro. Lobo apenas se inmutó, salvo que dio un paso atrás producto del dolor. Su ropa (o más bien lo que quedaba de ella después de la explosión) se dibujó con tres manchas de sangre que rápidamente crecieron en circunferencia. Cuando su cuerpo expulsó las balas como quien escupe un fragmento de un diente roto, su camiseta destrozada permitió contemplar perfectamente cómo las heridas se cerraban. Los mercenarios próximos se quedaron boquiabiertos de nuevo, hipnotizados por algo que no eran capaces de comprender.

 

Heta escogió una katana cuya funda escarlata tenía incrustaciones de piedras preciosas formando un dibujo de un dragón. Se apropió de un cinturón extraño en el que estaban insertos unos pequeños discos metálicos en forma de estrellas llamados shuriken.
—Hace dos vidas nací en Japón y me entrené como ninja —explicó ella ante la expresión de extrañeza de Lobo, susurrando para que Eva no pudiese oírla—. En las sucesivas reencarnaciones he seguido entrenándome para no perder la habilidad, y cada vez soy mejor.

—¿Una piel roja ninja? Pues me alegro por ti…

 

PERSONAJES PRINCIPALES

Eva.jpg  Eva, vive en A Coruña y es profesora de filosofía. Ella no sabe que es una reencarnación de una famosa justiciera de la antigüedad llamada Xiana, en la época de la conquista territorial de El Nuevo Mundo. Xiana fue vendida por sus padres a un esclavista que la llevó hasta América. Allí consiguió escapar y fue acogida por una tribu de indígenas en la que acabó siendo una más. Se ganó la simpatía y la amistad del Gran Jefe y su familia y los convenció para ayudarla a luchar contra la esclavitud. Así se convirtió en una justiciera llamada El Emplumado. Esa tribu posee una máscara mágica que concede dones mágicos a los indios para protegerse de los blancos, pero también puede hacer pactos con los mortales. Usando la máscara mágica Xiana-Eva se venga de un piel pálida llamado Biagio incerto que quiere arrebatarles a los indios sus tierras. Pero la maldición contra Biagio Incerto sale mal y recae también sobre Xiana y la Tribu del Lago.
Debido a esa maldición sus almas se ven condenadas a reencarnarse una y otra vez conservando todos sus recuerdos; pero por otra causa distinta (que es el hilo central de la tercera parte) Xiana no conserva la memoria de sus vidas pasadas. Ella es la única que puede revocar la maldición porque fue quien la lanzó, así que los indios malditos la buscan durante siglos por todo el mundo. En la actualidad dan con ella y luchan por hacerle recordar su primera vida.
Xiana es una mujer luchadora y fuerte con esperanzas de cambiar el mundo, entregada a los débiles y a los pobres, no soporta la esclavitud ni las injusticias. Independiente y con un humor muy fuerte, cuando lucha es algo violenta. Sus armas son dos látigos mágicos, y además posee telequinesis como regalo de la máscara mágica. Eva por el contrario es una mujer tímida y solitaria que rechaza la violencia, romántica y soñadora y amante de la filosofía.

lobo.jpg Lobo: fue un niño criado por lobos y rescatado por Xiana en la antigüedad. Acaba siendo su pareja y forma parte de la tribu de los pieles roja, aunque no es tan bien aceptado como Xiana. Lobo es casi inmortal, pues no envejece y se cura instantáneamente gracias a un hechizo de su padre, un mago vudú africano. Debido a eso ha vivido desde la primera vida de Xiana hasta la actualidad y será la clave para hacer que Eva recupere los recuerdos de Xiana. Es imprescindible que lo haga porque solo ella puede levantar la maldición.
En la actualidad vive apartado del mundo en un chalé en la linde de un bosque francés. Es reservado, poco hablador y antisocial. No soporta los ruidos de las ciudades, los espacios cerrados ni las alturas. Por su larga etapa como niño lobo cree que nunca podrá formar parte de ninguna sociedad ni será aceptado por el mundo. Ignorante de que Xiana y los indios siguen vivos, sigue adelante en soledad, consolándose con los pequeños placeres diarios, sus paseos por el bosque para cazar y su perro lobo, hasta que Sakima, Nidawi y Wapasha van a buscarlo.

El Gran Enemigo.jpg   El Gran Enemigo, Biagio Incerto: antagonista, también objeto de la maldición. Es el piel pálida que desea arrebatar a la tribu sus terrenos porque cree que encontrará oro en las montañas. Lleva la guerra hasta los indios convenciendo a los demás pieles pálida que los pieles roja son peligrosos. Para evitar muertes innecesarias, Xiana le ofrece un pacto: un duelo a muerte. Xiana acaba victoriosa y le perdona la vida, pero Biagio no cumple las normas del duelo y le dispara acabando ella herida de muerte.
Durante todas sus reencarnaciones se las ha arreglado para montarse complejísimas redes criminales de venta de drogas, préstamos ilegales y prostitución. Durante el paso del tiempo ha amasado una gran fortuna y un pequeño ejército. Pretende cambiar la maldición para en vez de reencarnarse una y otra vez con cada muerte lograr ser inmortal y no envejecer. Para ello necesita a Xiana-Eva, a Lobo y a la máscara mágica de la tribu.

PERSONAJES SECUNDARIOS

Sakima.jpg  Sakima Ojos de Águila: es el Gran Jefe de la tribu de indígenas. Fue quien encontró a Xiana poco después de que escapara del esclavista y quien se la llevó al poblado viendo en ella alguien importante. Acaba enamorándose de ella con el tiempo pero no lo confiesa y deja que Xiana y Lobo vivan en paz su relación. Actúa como un rey, con poder absoluto e incuestionable, de forma sabia y prudente. En la primera reencarnación decidió crear un sistema complejo, como una especie de organización secreta, para mantener protegidos y controlados a todos los indios malditos a la vez que buscan a Xiana. En la actualidad esa Organización posee varios negocios y empresas, pisos por todo el mundo, su propio laboratorio y sistema médico, y una gran red de formadísimos profesionales en medicina, informática, criminología, filosofía, artes marciales, economía etc. Mediante la Organización puede asegurarse de que los indios malditos estén comunicados en cada reencarnación.

Wapasha.jpg   Wapasha: con el poder de la telepatía, es el fiel consejero de Sakima. Con su don es capaz de manipular a quien quiera, desvelar los secretos más ocultos y sentir todas las alegrías y las penas. Recibió el don como premio de la máscara mágica por haber salvado a Tadi, el sobrino de Sakima, de morir ahogado de niño. Wapasha es esencial para entender la mente de Eva y saber cómo tratarla para ir desvelándole la verdad poco a poco. Lobo bromea llamándolo “mentalista”. Se defiende muy bien sabiendo disparar con un arco de poleas. Wapasha es junto con Heta mi personaje favorito, porque es una de las personas más comprensivas, entregadas, altruistas y humildes que podrán existir jamás (aunque sí en mi imaginación).

Tadi.jpg  Tadi: experto informático de la Organización y sobrino de Sakima. Es quien localiza en la actualidad a Xiana-Eva. Es el prototipo de informático friki superdotado, con ciertos aires de vanidad y egocentrismo tapados con una ansiedad profunda.

Heta.jpg  Heta: la hija de Sakima y princesa de la tribu. Con una personalidad muy marcada, se adapta a todas las circunstancias y formas de vida, suele ser sarcástica y con un sentido del humor un poco macabro. En la penúltima reencarnación se crio en China y se convirtió en una experta ninja. Lucha con una katana roja con dragones y con shuriken. Sakima la nombra guardiana de la máscara, así que su deber es protegerla y llevarla siempre consigo, por eso es uno de los objetivos de Biagio Incerto. Lobo se burla a veces de ella por ser india y a la vez ninja, por la mezcla estrambótica de culturas que muestra. Heta está muy unida a Xiana, su relación es como de hermanas.

Nidawi Cabello de Plata: el hechicero de la tribu, guía espiritual y protector de la máscara mágica hasta que Heta es nombrada guardiana. Puede contactar con los espíritus de los muertos, hablar con la naturaleza, leer en el viento, fabricar pócimas y algunos hechizos, y a veces tiene sueños proféticos o sobre el pasado. En su vida actual de joven fue hechicero vudú, pero lo dejó por miedo a esa magia negra y vive retirado en París. Amante de la soledad y la tranquilidad, es sabio y prudente, pero poco dado a la defensa personal.

Kimana: hermana de Sakima y madre de Tadi. En la antigüedad siempre anheló un poder propio, por lo que hace un terrible pacto con la máscara: su don a cambio de la vida de su hijo. Cuando Tadi está a punto de morir Wapasha lo salva. La máscara concede igualmente el don a Kimana, pero ella se ve condenada a una vida de perpetua culpabilidad, vergüenza y mentiras. Oculta su poder de transformarse en una mariposa, incluso se aísla para que Wapasha no pueda leerle el pensamiento. En su tercera reencarnación se enamora de un piel pálida ajeno a la Organización y se queda embarazada de él. Por eso huye de la tribu y corta toda relación, y la casualidad o el destino hace que Biagio Incerto la encuentre poco antes de dar a luz. Entonces se une a él y lo ayuda en su búsqueda de Xiana y de la máscara. Los indios lo ignoran, solo lo averiguan en la segunda parte.

 

 

 

SEGUNDA PARTE: RECORDADME QUIÉN FUI

SINOPSIS: Continuación directa de “Sin pruebas no os creeré”. Tras ser secuestrada por Biagio Incerto, Heta es sometida a la tortura para confesar la combinación de la bolsa de la máscara mágica. Biagio Incerto busca pactar con los espíritus para obtener su propio don, pero al precio de que los espíritus sean liberados. Esto traería como consecuencia el fin del mundo. Wapasha, Lobo y Eva se reúnen en Berlín con los demás pieles rojas a pesar de las órdenes de Sakima. Eva intenta con todas sus fuerzas recuperar sus recuerdos, Lobo es la clave. Los pieles rojas quieren rescatar a Heta y a Nidawi y evitar que El Gran Enemigo utilice la magia de la máscara en propio beneficio. Se nos revelará cómo Biagio Incerto llegó a ser lo que es, cómo se creo la máscara mágica y la Tribu del Lago. Una reflexión sobre la venganza, la justicia, el amor, la esperanza, el sacrificio, el heroísmo y la entrega a los seres queridos.

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Recordadme quién fui, segunda ed. (novela de fantasía en el mundo real actual, magia, reencarnación, venganza): Segunda parte de Sin pruebas no os creeré de [Herguedas Verdía, Lucía]

 

La muerte definitiva… ¿qué le esperaría en el Más Allá? No hay nada como el terror a la muerte para que uno, hasta el más cruel villano sin corazón, tome conciencia de todos sus crímenes y se dé cuenta de que tal vez, aunque para él no hayan sido más que simples niñerías, para otros (aquellos o aquel que juzgara las almas de los muertos) serían razones para condenarlo a castigos eternos.

 

Cuando Heta abrió los ojos su primera visión fue del techo blanco de la habitación. Notó que había una ventana abierta, pues la brisa marina se colaba en el interior acariciándole la cara, y los rayos tibios y agradables del sol caían sobre sus piernas. Esperó hasta tener consciencia de todo su cuerpo, que le llevó un tiempo porque se sentía adormilada y torpe, como si su mente se hubiese retirado de los músculos, huesos y poros de la piel.
Comprendió que estaba tumbada boca arriba sobre una cama, y se preguntó cómo había acabado allí. De pronto recordó la escena en el desierto y se sobresaltó.
Se incorporó con cuidado para inspeccionar su situación, pero la habitación no ofrecía nada que pareciera peligroso, amenazante o que le diera algún dato interesante acerca de dónde se encontraba.
En la ventana abierta unas rejas metálicas verticales impedían usar esa vía de escape. Las cortinas blancas ondeaban movidas por la brisa. Recorrió la habitación con la vista, era una estancia bastante agradable y acogedora. Parecía recién pintada, las paredes blancas estaban impecables y relucientes y la moqueta azul marino del suelo parecía nueva. La decoración constaba de pequeños cuadros de inspiración marinera, algunos muebles blancos de tiradores de cristal, una mecedora de cojines a rayas blancas y azules y dos camas en paralelo con edredones a juego. Dos puertas pintadas de azul marino eran las únicas salidas de la habitación. Una estaba entreabierta, y Heta vio desde su posición que daba paso a un cuarto de baño de azulejos blancos. La otra estaba cerrada.
—No te molestes en levantarte de la cama —dijo una voz conocida desde el interior del baño—. Estamos encerrados.
Nidawi apareció en la habitación. Tenía una expresión de conformidad en el rostro, como si ya se hubiera rendido.
—¿Qué haces aquí? ¿Dónde estamos? —preguntó Heta confusa, sintiendo la lengua pastosa y la boca seca.
—El Gran Enemigo nos ha traído a su mansión en Miami, pronto vendrá a visitarnos y te enterarás de más detalles. —Nidawi se sentó en la mecedora del rincón—. Si estás mareada es porque te han drogado, estabas herida y te inyectaron unos analgésicos.
—Uii, cuanta amabilidaaaaad… —murmuró ella con ironía.
Se inspeccionó el cuerpo en busca de heridas. Tenía un brazo escayolado y una venda en la otra mano, pero no sentía ningún dolor.
Se levantó con cuidado y esfuerzo para ir al baño. Se encontró con que había un espejo colgando de la pared sobre el lavabo, y miró detenidamente su reflejo. Tenía puntos en un lado de la frente, el labio inferior hinchado, el pelo sucio y enredado y unas grandes ojeras.
—Qué horror. Bueno —dijo en voz alta para que Nidawi la oyera—, al menos nos han puesto en una habitación bonita y no en una mazmorra medieval. Ah, mira, si hay una ducha y una bañera, jabón y champú. Podría darme una buena ducha caliente. Esto es casi como un hotel.
—Tu sarcasmo nunca me ha hecho gracia, Heta —respondió Nidawi desde la mecedora del rincón, que hacía balancear tranquilamente.
Heta regresó a la habitación y se lo quedó mirando con los brazos en jarras.
—¿Ha dicho ya qué quiere de nosotros? ¿Dónde está la máscara?
—No lo sé, estarán intentando sacarla de la funda. Me han interrogado varias veces para sonsacarme la combinación, hasta que por fin comprendieron que solo tú la conoces.
—¿Por eso me están haciendo la pelota? Pues pueden esperar sentados si piensan que la voy a revelar.
—Me parece que El Gran Enemigo es un poco más inteligente y ya se espera esa reacción de ti. —Cuando la mecedora se inclinaba hacia delante, los rayos de sol coincidían sobre el rostro arrugado de Nidawi, haciendo brillar sus ojos negros y profundos.
—¿Y a ti para qué te han traído?
—Supongo que necesitan a alguien que controle la máscara. Nadie mejor que yo para hacerlo.
—Pero sin Xiana no puede romper la maldición.
—Nos mantendrá encerrados hasta que consiga dar con ella. A lo mejor ni siquiera sabe que la necesita.
Heta se quedó en silencio.
—Nidawi, ¿y si hay micrófonos y cámaras ocultas en la habitación? Sugiero que no revelemos ningún dato que pueda necesitar El Gran Enemigo.
—Quedarnos callados va a ser muy aburrido.
—¿Me echabas de menos, eh?
La puerta que daba al exterior se abrió suavemente dejando paso a El Gran Enemigo y a Kimana. Él llevaba un traje muy elegante de color blanco roto, con una corbata a rayas moradas; ella vestía un atuendo tradicional indio.
Dos escoltas se quedaron en el pasillo para evitar que los retenidos se fugaran. El Gran Enemigo dejó la puerta abierta, mostrando la gran confianza que depositaba en los escoltas.
—¡Tía Kimana! ¿Qué demonios estás haciendo aquí? No puede ser que nos hayas traicionado. Qué vergüenza. Me das pena. —Heta escupió a los pies de Kimana, quien desvió la mirada sin responder nada.
—Eres muy inteligente, chiquilla —dijo Biagio—. Aunque ya hemos escuchado lo suficiente a través de las cámaras y micrófonos ocultos en la habitación. Qué pena que no hayas dicho nada nuevo que no sepamos.
—No me llames así, sabes que soy tan vieja como tú —reprochó Heta con el odio de la voz a juego con su mirada.
—Espero que hayas apreciado nuestro gesto, os hemos puesto juntitos en la misma habitación. Es bonita, ¿verdad? Y con baño propio, como en los hoteles. —El Gran Enemigo se rio al burlarse de las palabras de Heta, quien apretó los dientes con furia—. Te hemos arreglado el brazo y curado tus heridas. Solo es una demostración de lo amables que podemos llegar a ser. Si colaboras, te trataremos bien.
—No voy a darte las gracias.
—No te las pedía. Supongo que te imaginas por qué estás aquí. —La voz de Biagio era suave, tranquila y melodiosa, como hechizante. Heta ya conocía la facilidad de palabra de Biagio y su don diplomático, que en el pasado no habían funcionado con la Tribu del Lago.
—No voy a darte la combinación de la bolsa de la máscara —resumió Heta.
—Tal vez no voluntariamente. Pero tranquila, soy muy previsor y ya tenía un plan por si te negabas a colaborar. Por suerte tengo aquí a mis amiguitos, que me harán el trabajo sucio, a mí no me gusta mancharme el traje.
Chasqueó los dedos y uno de los escoltas del pasillo entró en la habitación y se dirigió directamente hacia Heta. Ella no retrocedió, se plantó firme con los pies clavados en el suelo y sin parpadear, orgullosa. El recién llegado la agarró por el cuello con ambas manos y apretó, cortándole la respiración. Heta agarró las muñecas del hombre por impulso y el instinto la obligó a intentar separarlas de su cuello, pero él era demasiado fuerte. Un minuto y medio después, Heta empezó a manotear y a retorcerse desesperada por liberarse del ahogamiento.
Nidawi se levantó de la mecedora, incapaz de permanecer tranquilo y pasivo, aun sabiendo que no tenía posibilidad de conseguir algo si se atreviese a intervenir. El Gran Enemigo llamó al otro escolta para que se ocupara de inmovilizar al viejo hechicero, solo por si acaso se le ocurría hacer alguna tontería.
Cuando Heta estaba empezando a adquirir una tonalidad violácea, el hombre que le apretaba el cuello relajó la presión. Heta boqueó desesperada y tosió repetidamente, acabando medio doblada. Luego, cuando se recuperó, escupió contra la cara del mercenario que había intentado asfixiarla, con tan buena puntería que le atinó. El hombre apenas se inmutó, o por lo menos no dejó mostrar si su orgullo había salido malparado; se limitó a limpiarse la saliva de Heta con la manga de su uniforme negro.

 

 —El castigo elegido son veinte latigazos en la espalda de Wapasha. Lo haré yo mismo, ya que soy el juez me hago responsable de mi decisión.

Sakima cogió algo que colgaba de su cinturón y lo alzó para enseñarlo al público que miraba desde abajo. Era un látigo enrollado. Nadie dijo nada, y Eva ni siquiera se atrevía a respirar. Mientras Sakima iniciaba el descenso por la escalinata seguido de un cabizbajo y avergonzado Wapasha, Eva se acordó de Lobo sin saber la razón. Lobo había decidido quedarse en su dormitorio como protesta por el castigo elegido por Sakima. Eva tampoco estaba de acuerdo con el Gran Jefe, tal y como le había manifestado en el despacho, pero creía que era más importante apoyar a Wapasha. Los pieles rojas fueron apartándose para dejar paso a Sakima y a Wapasha. Una vez que llegaron al último escalón, la multitud creó un pasillo hasta el centro del vestíbulo, en donde una tarima estaba preparada esperando el macabro espectáculo. Sakima y Wapasha caminaron hacia allí lentamente, el primero con la cabeza bien alzada y el segundo con la mirada clavada en sus pies. Subieron a la tarima con ayuda de una pequeña escalera de mano. Sakima se quedó mirando hacia el público, agarrando con ambas manos el látigo, mientras Wapasha se desabrochaba la camisa con manos temblorosas, se recogía la melena y se colocaba de espaldas a Sakima, preparado para recibir el castigo. Eva podía ver su piel morena empapada de un sudor producto del miedo y la tensión. Por un segundo creyó que esa espalda sudada era la suya propia, imaginándose que era ella quien estuviera sobre la tarima esperando los latigazos. Inconscientemente apretó con las manos el final redondeado de los apoyabrazos del silloncito, provocando que sus nudillos se pusieran blancos.

—Estoy listo —anunció en voz alta y temblorosa Wapasha. Sakima se giró muy despacio, cogió aire y desplegó el látigo. El primer latigazo fue repentino, violador, un estallido de miedo que se clavó en el pecho de Eva y que le hizo cerrar los ojos instintivamente, asustada por el chasquido. Wapasha se estremeció pero no gritó, y eso provocó que la tensión y la admiración de Eva creciesen. Sakima contaba en voz alta los latigazos, los cuales al principio caían sin descanso pero después iban espaciándose cada vez más. En el tiempo entre chasquido y chasquido, el público se contenía de provocar ningún sonido, tanto por miedo hacia Sakima como por respeto al dolor de Wapasha. Al décimo estallido, Wapasha cayó de rodillas mientras la sangre le resbalaba por la espalda mezclándose con las gotas de sudoración. Eso no hizo que Sakima dudase de su papel como ejecutor del castigo, ni apeló a su misericordia. Cuando tomaba una decisión, la llevaba hasta el final.

 

 

—Pocahontas ha resumido todo el proceso de las sensaciones de los pieles rojas malditos en fases —siguió Yoomee—. La primera es la confusión y corresponde a la primera reencarnación hasta la primera reunión. La segunda es la organización, se refiere a la etapa de nacimiento de la Organización y establecimiento de normas por Sakima. En la tercera etapa los indios están esperanzados buscándote. En la cuarta se dan cuenta de que el desarrollo de la humanidad es impresionante y quieren aprovecharse de él. Tú estarías en esa etapa con todo lo que acabas de decir. En la quinta siguen buscándote, pero tras haber sido testigos de numerosos sucesos históricos terribles, se dan cuenta de que el progreso conlleva dolor y sufrimiento. En la sexta están tan hartos de pasar por la fase de muerte, nacimiento y crecimiento que quieren descansar por fin, pero no pueden y por eso están impacientes porque manipules la maldición con la máscara.

—No todos estamos en la misma fase —matizó Pocahontas—. Algunos siguen en la tercera, unos pocos en la quinta y muchos en la sexta habiéndose saltado la quinta.

—Impresionante tu teoría —dijo Eva absorta y ahíta de información—, eres una mujer muy inteligente y con muchos conocimientos.

—Gracias —respondió Pocahontas encantada—. Soy licenciada en Psicología y Filosofía. En mis libros mezclo ambos conocimientos con la intención de ayudar a nuestros hermanos a comprenderse a sí mismos, entender mejor nuestra situación y aceptarla en lugar de caer en la desesperación.

—Entonces, vosotras que parecéis saber tanto sobre psicología —resumió Eva—, ¿qué consejos podéis darme para recuperar la memoria?

—En mi opinión, estás demasiado tensa y te autocontrolas porque tienes miedo de tus propias capacidades. Si te relajas, tal vez con meditación o yoga, quizás poco a poco comiences a tener recuerdos inconexos, y con el tiempo podrás relacionarlos. Creo que te podría ayudar que te relaciones con los pieles rojas de la mansión; habla con ellos, pregúntales cosas, memoriza sus nombres y sus caras —respondió Yoomee.

—Para eso necesitaría mucho tiempo —la contradijo Pocahontas—. Lo mismo hace un buen orgasmo.

—¡Pocahontas! —gritó Migina escandalizada.

—¿Qué? Como si no pensaras lo mismo. Pruébalo, tienes a Lobo, ¿no?

Eva se puso colorada y empezó a tartamudear debido a la timidez. Ya estás otra vez, contrólate.

—Yo no quiero utilizarlo de esa manera, no es un objeto. ¿Y si no quiere hacerlo?

 

 

 

 

Cuando el interior de la máscara tocó su piel, notó un escalofrío. Apartó las manos del exterior de la máscara y esta se quedó adherida a su rostro. Algo comenzó a moverse sobre su piel, frío como el hielo, pero seco. Reptó cubriendo su nariz, mejillas, frente, boca y barbilla. Esperó muy atento a las sensaciones físicas que le transmitía el proceso, hasta el punto de que tenía la mente en blanco. Transcurrieron dos segundos desde que los tentáculos finísimos acabaron de extenderse. Luego pasaron de ser una agradable sensación reconfortante a miles de agujas con vida propia que le perforaron la piel sin ninguna consideración, muy profundamente hasta agujerear los músculos faciales y el cráneo y llegar hasta su cerebro.

Los aparatos médicos registraron el aumento del ritmo de su respiración y de los latidos de su corazón. Su temperatura corporal, sin embargo, había descendido peligrosamente varios grados en apenas unos segundos. En el momento en que los tentáculos conectaron con sus neuronas, Biagio sintió que su mente era transportada muy lejos de su cuerpo, como hacia otra dimensión. Perdió toda sensibilidad y noción física, aunque era capaz de oír y ver.

Una sinfonía de colores que se movían como manchas de pintura viva lo rodeaba por todas partes, cambiando constantemente a capricho, de formas reconocibles a otras grotescas, o a sombras que imitaban los seres físicos del mundo real. Captaba un zumbido de fondo mezclado con un pitido ininterrumpido, pero no sabría decir de dónde procedían.

Esperó manteniendo la calma a que ocurriera algo dentro de ese universo irreal, a que una forma inteligente contactara con él y se diera a conocer. Sus latidos se regularizaron y su respiración se volvió lenta, porque le relajaba contemplar los colores vivientes y el zumbido lo abotargaba. Pero de pronto los sonidos se convirtieron en tres voces fantasmales que hablaban a la vez como si tuvieran una sola mente. Su aparición, sin forma física que pudiera ver, fue tan repentina como una explosión.

—¿Quién eres tú? No eres un habitual, no, no, no… —Las tres voces tenían timbres irreconocibles en sexo y edad, y parecían contestarse a sí mismas adentrándose en el subconsciente de Biagio—. ¿Qué quieres de nosotros? Ahhhh, no pretendes hacer daño a nuestro soporte físico.

—Me llamo Biagio Incerto —se presentó él formalmente. Creyó que lo mejor era dejar la confesión de sus intenciones para más tarde, cuando se hubiera ganado la confianza de los espíritus. Si se hubiese parado a pensar cómo demonios había hecho para hablar sin utilizar su cuerpo físico, se habría vuelto loco.

—Sí, sí, lo vemos en tu mente… ¡Oh! Pero nuestros protectores tenían recuerdos de ti con otro nombre. Sí, sí, el Gran Enemigo. ¡Tú hiciste mucho daño a nuestra tribu! —gritaron con ira.

El eco rebotó en el espacio extraño y su fuerza le nubló los pensamientos. Los colores que se movían a su alrededor se difuminaron y emborronaron mezclándose unos con otros y encogiéndose en la oscuridad como bichitos asustados.

—¿Deberíamos castigarlo? —Cuchicheos incomprensibles. Biagio creyó que las tres voces se habían independizado y se habían puesto a parlamentar—. Nosotros ya te hemos castigado, sí, sí. Sin embargo, no vemos dolor en ti, ni sufrimiento. Eres avaricioso y oportunista, sí, sí. Vaaaayaaaaa, así que te parece divertido que la maldición de Xiana te otorgara una especie de inmortalidad. Tú no eres como los pieles rojas, no, no. Ellos no temen a la muerte, pero tú sí. Y eres avaricioso, quieres ver el futuro. ¡Ah! ¿Y quieres que nosotros te ayudemos? Qué halagador creer que tenemos semejante poder. No podemos darte la inmortalidad completa, al menos utilizando solamente nuestra magia.

 

Lobo la notó tan deprimida que al fin se atrevió a acercarse a ella y acabó abrazándola. Xiana cerró los ojos y se apoyó contra él dejándose mecer por su calor y los latidos de su corazón.

—Tu leyenda no ha muerto, no ha sido en vano todo lo que hemos hecho —susurró Lobo en el oído de Xiana. El aliento de él le provocó un escalofrío exquisito—. Fuimos unos justicieros, unos liberadores, unos vengadores de injusticias y de esclavitud. Otros tantos siguieron nuestro ejemplo, mira todos los personajes que a lo largo de la historia se rebelaron contra los abusos y reivindicaron la prohibición de la esclavitud. Todos fueron unos valientes al enfrentarse a las normas de su sociedad, a sus costumbres, sabiendo que corrían el riesgo de ser vituperados, rechazados, detenidos e incluso ahorcados.

—Tal vez las cosas no sean como antes, pero olvidas que la esclavitud sigue existiendo, aunque sea en otras formas —lo interrumpió Xiana. Estiró los brazos, que aún tenía encogidos sobre su pecho y apretados contra Lobo, y rodeó la cintura de su esposo con fuerza. Él era su amarre para no perderse en el mar de la desesperación; era los pies para que toda su estructura de carne, huesos y sangre no se cayera por su propio peso; era la persona que le recordaba que cuando pensara que todo estuviera perdido siempre habría una esperanza, que tendría que seguir luchando.

—Cariño, es imposible hacer que toda la maldad del mundo desaparezca. La gente no puede ser totalmente buena, ni totalmente mala. Es la naturaleza del ser humano.

—Todos tenemos bondad y maldad dentro… —resumió Xiana—. No quiero pensar que el Gran Enemigo tiene bondad. Cómo lo detesto.

—Yo también, él te asesinó y te alejó de mí… Menos mal que te he recuperado. No sabes lo perdido que estuve sin ti.

—Si tú murieras, me quitaría la vida porque no soportaría seguir viviendo sin ti.

—Yo nunca podré hacer eso —sollozó Lobo—. Soy casi inmortal, nada puede hacerme un daño irrecuperable. Tú envejecerás y morirás otra vez, pero yo no. Si rompes la maldición, te perderé otra vez para siempre.

—Queda mucho tiempo para eso, prometo no morirme antes de llegar a los ochenta. Lobo apretó más su abrazo, como queriendo atrapar el alma de Xiana para que no se escapara jamás.

—Hazme una promesa, aquí y ahora —le pidió ella.

—¿Qué promesa?

—Que cuando yo muera seguirás luchando contra las injusticias. Que serás el protector de los pobres, de los desvalidos, de los inocentes. Que seguirás con mi legado. —Xiana se apartó un poco de él para poder mirarlo a los ojos.

—Eso es un compromiso muy grande, lobita. Puede que me cure muy rápido, pero no tengo superpoderes. No puedo mover las cosas con la mente ni leer los pensamientos de la gente. Además, estaría tan desolado por tu pérdida que no tendría ganas de enfrentarme al mundo… ¿Y si vuelvo a perderme en el bosque y me convierto en un salvaje?

—No pasará eso, confío en ti. Prométeme que harás lo que puedas; no quiero que seas un superhéroe, solo una persona que se rebela ante las injusticias y la criminalidad, que no se queda pasiva.

Lobo se lo pensó durante unos veinte segundos, que a él le parecieron transcurrir muy rápidos y a ella muy lentos, y luego se lo prometió. Lo sellaron con un beso profundo, de labios contra labios, lenguas enrolladas en la tormenta de sus salivas, en sus bocas como una caverna dividida.

 

Abrió los ojos, pero su vista nublada no le permitió distinguir la escena que la rodeaba hasta que parpadeó varias veces. Su mente trabajaba despacio, necesitó varios segundos para interpretar lo que sucedía. Primero notó el dolor de su nariz, la sangre que le resbalaba hasta los labios y el dolor de cabeza. Al preguntarse qué le había pasado, regresaron sus últimos recuerdos en sentido inverso.

—Lobo… —quiso gritar, aunque solo le salió un patético murmullo.

Se dio cuenta al recuperar la sensibilidad de todo su cuerpo, de manera progresiva, de que se encontraba tumbada en el suelo sobre una alfombra persa. Se incorporó con dificultad apoyándose en las manos, pero no fue capaz de levantarse y se quedó sentada. Entonces estudió la habitación.

Se trataba de un gran dormitorio a dos alturas al fondo de la cual, tras tres escalones, se situaba un majestuoso lecho de cortinajes de terciopelo y cabecero de madera oscura. Las paredes intercalaban grandes ventanas de cortinas a juego con la cama y reproducciones de obras pictóricas famosas. A través de las ventanas averiguó que ya había amanecido, la luz exterior aún era anaranjada sobre el jardín. Podía ver los cuerpos destrozados de algunos pobres desgraciados que había lanzado por la ventana.

—Hoy has demostrado tu gran poder, Xiana —dijo una voz conocida detrás de ella—. Parece que te esforzaste en ocultarlo, pero al final has caído en la tentación. Ya casi no tienes secretos para mí. Pensé que lo sabía todo sobre la tribu maldita… pero cierta persona en la que confiaba no me lo contó todo. Fui un estúpido al confiar en ella.

Xiana no se movió, notó que el individuo al que pertenecía la voz caminaba hacia ella y la rodeaba para colocarse delante. Su silueta se reflejó nítidamente en la superficie del suelo de mármol limpísimo y brillante.

—El Gran Enemigo —murmuró ella, escupiendo sangre y saliva a los zapatos negros de Biagio. Eran unos zapatos de piel confeccionados a medida, tan brillantes y limpios como el mármol que pisaban. Combinaban perfectamente con el traje de marca, la corbata de seda y los gemelos de oro. Biagio presentaba un aspecto enfermizo que resaltaba con su vestimenta. Al parecer no estaba recuperado del todo tras el contacto con la máscara mágica.

—Así es como me llamáis vosotros. —Biagio chasqueó los dedos mientras se miraba con asco los zapatos que Xiana había ensuciado con su escupitajo.

Al instante una camarera de uniforme pasó al lado de Xiana y se agachó para limpiar con un paño los zapatos de Biagio. Luego se retiró con la mirada agachada, sin atreverse a pasar cerca de Xiana.

Esta al fin se giró para contemplar el panorama que quedaba a su espalda. Comprobó que la habitación aún se prolongaba unos veinte metros hasta la pared del fondo, donde se encontraba la única salida. Todas las figuras de los presentes se reflejaban en el mármol claro del suelo, creando la ilusión de un mundo paralelo. La mayoría eran mercenarios de Biagio, uniformados de negro, con botas militares y pasamontañas. Todos estaban armados. Delante tenían maniatados y de rodillas a Heta, Sakima, Nidawi y Lobo. Mostraban varias heridas y golpes, Lobo estaba recubierto de sangre. Los cuatro la miraron con ojos brillantes en los que no había prueba de miedo.

 

Apenas habitaban doscientos pieles rojas en la mansión de Berlín. Pocos habían regresado de la misión en la isla del Gran Enemigo. Unos días después del regreso a Berlín, todos se reunieron en el jardín de la mansión y Sakima, Nidawi y Xiana llevaron a cabo el ritual tan esperado con la máscara. Fue un momento muy tenso, ya que no sabían cómo reaccionarían los espíritus al contactar con Xiana, después de lo sucedido en la mansión de Biagio Incerto. Nidawi tuvo que recurrir a todo su potencial y a todos sus hechizos para controlar a los espíritus; Xiana hubo de pelear en su mente contra el intento de posesión de los espíritus. Estuvo a punto de ser vencida, pero los hechizos de Sakima la ayudaron. No quiso plantearse si era más fuerte que Heta, por qué ella no había logrado vencer a los espíritus prisioneros, por qué se había rendido a la posesión. En cierta manera, Xiana estaba enfadada con Heta por no hacer sido lo suficientemente fuerte. ¡Si lo hubiera sido, tal vez no estaría en coma!

—¡Os ordeno que deshagáis la maldición que yo misma os pedí! —gritó a los espíritus.

En ese momento Nidawi le hizo un corte en la mano con el cuchillo ceremonial y recogió la sangre que se derramaba en un cuenco. A continuación untó el líquido sobre la máscara con los dedos y vertió el resto en el fuego sagrado.

Nidawi se encargó de guardar la reliquia envuelta en unos paños hasta que llegara el momento de destruirla. Sakima había concordado que, una vez deshecha la maldición, la máscara sería destruida. Las ventajas de su existencia no podían competir con la amenaza de su poder. Hasta que no pudieran comprobar que la maldición no los afectaba, la máscara estaría a buen recaudo.

Xiana bailó con los demás pieles rojas al ritmo de los tambores y las flautas. Ahora que llegaba el momento de la verdad, de la posibilidad de la muerte definitiva, algunos estaban deseando el descanso eterno.

RESEÑAS:
 Las ediciones en papel incluyen hermosas ilustraciones al comienzo de cada capítulo; las escenas se separan con el dibujo de una flecha:

 

La tercera parte se titulará LA REINA DEL AQUELARRE: ¡ved información privilegiada sobre el argumento!:

https://luciaheve.wixsite.com/sinpruebasnooscreere/single-post/2017/06/13/Pistas-sobre-la-tercera-parte-de-la-saga

 

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