Saga Sin pruebas no os creeré

Una saga de fantasía urbana. El fenómeno de la reencarnación destruye las fronteras entre pasado y presente; una maldición comienza como castigo por el deseo de venganza. La Tribu del Lago no teme a la muerte y desea acabar con esa maldición que no permite que sus espíritus se fundan con la Madre Naturaleza. Los pieles rojas deben adaptarse a la evolución de la historia, la tecnología y las culturas en su búsqueda durante los siglos de la mujer que puede salvarlos.
Esta es una aventura mágica llena de acción donde el presente deja paso a capítulos del pasado de la Tribu del Lago y sus principales guerreros; escenas fantásticas mezclan acción y magia en localizaciones reales del mundo actual. Verás magia, acción, amor, fantasía, y sobre todo personajes muy especiales con particularidades que los hacen únicos… Algunos incluso tienen poderes sobrenaturales.

PÁGINA WEB OFICIAL: https://luciaheve.wixsite.com/sinpruebasnooscreere

En la web encontraréis información detallada sobre la sinopsis, personajes, reseñas, fragmentos, entrevistas…

Primera parte: Sin pruebas no os creeré

portada rgb

Todo era normal hasta que un día Eva conoció a un chico tímido de ojos ambarinos y extraño acento. Entonces la acción llegó a su vida, la magia y la fantasía rompieron todos sus esquemas de la realidad.
El fenómeno de la reencarnación destruye las fronteras entre pasado y presente; una maldición comienza como castigo por el deseo de venganza. La Tribu del Lago no teme a la muerte y desea acabar con esa maldición que no permite que sus espíritus se fundan con la Madre Naturaleza. Los pieles rojas deben adaptarse a la evolución de la historia, la tecnología y las culturas en su búsqueda durante los siglos de la mujer que puede salvarlos.
Esta es una aventura mágica llena de acción donde el presente deja paso a capítulos del pasado de la Tribu del Lago y sus principales guerreros; escenas fantásticas mezclan acción y magia en localizaciones reales del mundo actual. Verás magia, acción, amor, fantasía, y sobre todo personajes muy especiales con particularidades que los hacen únicos… Algunos incluso tienen poderes sobrenaturales.

RESEÑAS:

https://luciaheve.wordpress.com/2016/08/01/recopilacion-de-resenas-y-comentarios-a-mi-novela-sin-pruebas-no-os-creere/

 

COMENTARIOS QUE PODEMOS ENCONTRAR EN AMAZON:

“Se trata de una historia rica en la mezcla de géneros, aunque el principal sea el fantástico, podemos encontrar otros como el romántico o el histórico. Contiene además una documentación muy completa y me ha encantado la manera de contar la historia, alternando lo que ocurre en la época actual con lo que ocurrió en el pasado, es una interesante mezcla de lo moderno con lo ancestral. Me ha parecido fascinante la idea de ver una tribu antigua adaptarse a la actualidad, a distintas épocas y a diferentes culturas.
El estilo escrito de la historia es muy fluido y su lectura, además de interesante,se hace ágil y amena. También tengo que resalta que me ha gustado mucho la portada, pues la máscara juega un papel fundamental.
¡Una lectura muy recomendable para los amantes de la fantasía y la aventura!”.

“Este libro nos abre la puerta al mundo de los indios nativos de América. Nos muestra una forma de vida completamente diferente a la nuestra, unas creencias en la fuerza de la naturaleza que personalmente me atraen mucho.
Me ha gustado mucho la forma de ir descubriendo algunos de los misterios que se presentan hacia el principio de la novela. Otros, no se nos revelan e imagino que podremos descubrirlos en el segundo libro. Tengo ganas de leerlo, ya que el final me ha dejado muy intrigada.
No me he sentido enganchada en todo momento, pero sí hacia el final, cuando he ido descubriendo más cosas y no podía parar de leer.
Recomendaría esta lectura a cualquiera que disfrute del género de aventuras y/o fantasía, ya que tiene de todo. Por un lado encontramos bastante acción, magia vinculada a la naturaleza (que a mí me encanta) y también una parte de la historia de los pieles rojas sobre los que trata el libro. ¡Muy recomendable!”.

“Un libro muy bien redactado de una escritora, Lucía Herguedas, que no conocía. Interesante el personaje Biagio, que no te deja indiferente en toda la historia. Un tanto largo, pero se lee rápido”.

Más comentarios y enlace de compra en

MÁS EN https://www.facebook.com/Saga-Sin-pruebas-no-os-creer%C3%A…/

ENTREVISTA: http://annabelnavarro.com/…/lucia-herguedas-la-autora-de-s…/


FRAGMENTOS:

Heta se colocó al lado de Tadi y él le sonrió. Tadi siempre había sentido un profundo respeto por la magia de esa máscara, llegando a algo cercano al miedo. A veces tenía la sensación de que los poderosos espíritus que la poseían podrían liberarse en cualquier momento y atacarlos.


 

 

 

Constantin hizo uso de su olfato y su agudísimo oído, y entonces captó tres presencias humanas en el salón de su casa. Desacostumbrado a ese tipo de situaciones, no supo cómo reaccionar. Su primer impulso fue saltar sobre los visitantes no deseados, sin preguntas ni control… Pero su lógica le dijo que no eran modales. Quizás no tuviesen malas intenciones.
—Lobo, deja ya de pensar tanto y ven aquí. Sabemos que te has dado cuenta de que estamos allanando tu propiedad —dijo una voz masculina y grave en francés desde el salón.
¿Pero qué demonios…?, repitió en pensamiento Constantin al reconocer la voz del visitante.
—Y también sabemos que estás desnudo, así que colócate una toalla antes, por el bien de todos —añadió otra voz.
Constantin, mosqueado, regresó al baño y se cubrió con una toalla que enrolló alrededor de la cintura, y luego fue andando lentamente hasta el salón, dejando un rastro de huellas de pies mojados. Su melena rizada y empapada goteaba sobre su espalda y sus pectorales musculosos y le provocaron escalofríos.
Al llegar al salón, cuya lámpara estaba encendida, se quedó unos instantes en el umbral de la puerta para estudiar la situación.
Tres hombres adultos se encontraban en el interior esperándole con impaciencia. El mayor estaba de pie junto a la ventana, mirándole sonriente como un padre bonachón que ha pillado a su crío haciendo alguna travesura. Los otros dos estaban sentados en SU sofá con los pies sobre la mesita de madera donde tenía siempre los mandos de la televisión y del aire acondicionado. Los tres poseían rasgos amerindios, pieles oscuras con un tono dorado, cuerpos delgados y definidos, con ropas modernas pero melenas largas y lisas.


 
 


 Las hazañas de Xiana y sus guerreros se convirtieron en una leyenda temida por los terratenientes, traficantes de esclavos y demás abusadores, y admirada por los liberados y los ciudadanos que eran salvados de los atracadores en los caminos o de los violadores en las calles de las ciudades. Porque con el tiempo Xiana empezó a patrullar las calles por la noche, disfrazada con sus ropas indias y la cara tapada con una máscara de plumas, y se convirtió en una heroína. Protectora de los pobres y los justos, liberadora de esclavos, castigadora de alcaldes abusones, violadores, ladrones y atracadores. El emplumado, la llamaban.
Muchos veían en ella un guerrero piel roja enviado por los espíritus de sus antepasados asesinados por los conquistadores europeos, y cuya misión era acabar con las injusticias y enseñar a los pieles pálidas la verdadera forma de convivir con los animales y la naturaleza.


 

Eva se detuvo en cuanto su nariz estuvo prácticamente en contacto con el cristal de la vitrina. Su aliento se dibujó en la superficie y la limpió rápidamente con la manga de la camisa, con sensación de urgencia. Algo tiraba de ella hacia dentro de la vitrina, casi como obligándola a traspasar el cristal por la fuerza.
Se fijó en todos los detalles de los colores y dibujos geométricos de cada látigo. Uno entrelazaba tiras de diferentes tonalidades de azul y su mango dibujada rombos azules sobre un fondo negro. El otro era completamente igual, salvo que sus colores alternaban amarillos más oscuros sobre otros más claros. La luz de la vitrina se reflejaba en el cuero haciéndolo parecer brillante, nuevo y recién teñido.
—Esos látigos tienen más de trescientos años y parecen recién fabricados —explicó Heta acercándose a Eva—. Pertenecieron a Xiana.
—¡Xiana! Entonces ella fue real, existió de verdad… —respondió Eva pegando la cara al cristal, que se volvió a empañar.
—Ya te dije que la leyenda sucedió tal y como te la conté —insistió Heta. Al llegar a su lado, le acarició un brazo—. ¿Quieres cogerlos?


Un tercero apuntó a Lobo con su arma y disparó casi a bocajarro. Lobo apenas se inmutó, salvo que dio un paso atrás producto del dolor. Su ropa (o más bien lo que quedaba de ella después de la explosión) se dibujó con tres manchas de sangre que rápidamente crecieron en circunferencia. Cuando su cuerpo expulsó las balas como quien escupe un fragmento de un diente roto, su camiseta destrozada permitió contemplar perfectamente cómo las heridas se cerraban. Los mercenarios próximos se quedaron boquiabiertos de nuevo, hipnotizados por algo que no eran capaces de comprender.


 

Heta escogió una katana cuya funda escarlata tenía incrustaciones de piedras preciosas formando un dibujo de un dragón. Se apropió de un cinturón extraño en el que estaban insertos unos pequeños discos metálicos en forma de estrellas llamados shuriken.
—Hace dos vidas nací en Japón y me entrené como ninja —explicó ella ante la expresión de extrañeza de Lobo, susurrando para que Eva no pudiese oírla—. En las sucesivas reencarnaciones he seguido entrenándome para no perder la habilidad, y cada vez soy mejor.

—¿Una piel roja ninja? Pues me alegro por ti…


PERSONAJES PRINCIPALES

Eva.jpg  Eva, vive en A Coruña y es profesora de filosofía. Ella no sabe que es una reencarnación de una famosa justiciera de la antigüedad llamada Xiana, en la época de la conquista territorial de El Nuevo Mundo. Xiana fue vendida por sus padres a un esclavista que la llevó hasta América. Allí consiguió escapar y fue acogida por una tribu de indígenas en la que acabó siendo una más. Se ganó la simpatía y la amistad del Gran Jefe y su familia y los convenció para ayudarla a luchar contra la esclavitud. Así se convirtió en una justiciera llamada El Emplumado. Esa tribu posee una máscara mágica que concede dones mágicos a los indios para protegerse de los blancos, pero también puede hacer pactos con los mortales. Usando la máscara mágica Xiana-Eva se venga de un piel pálida llamado Biagio incerto que quiere arrebatarles a los indios sus tierras. Pero la maldición contra Biagio Incerto sale mal y recae también sobre Xiana y la Tribu del Lago.
Debido a esa maldición sus almas se ven condenadas a reencarnarse una y otra vez conservando todos sus recuerdos; pero por otra causa distinta (que es el hilo central de la tercera parte) Xiana no conserva la memoria de sus vidas pasadas. Ella es la única que puede revocar la maldición porque fue quien la lanzó, así que los indios malditos la buscan durante siglos por todo el mundo. En la actualidad dan con ella y luchan por hacerle recordar su primera vida.
Xiana es una mujer luchadora y fuerte con esperanzas de cambiar el mundo, entregada a los débiles y a los pobres, no soporta la esclavitud ni las injusticias. Independiente y con un humor muy fuerte, cuando lucha es algo violenta. Sus armas son dos látigos mágicos, y además posee telequinesis como regalo de la máscara mágica. Eva por el contrario es una mujer tímida y solitaria que rechaza la violencia, romántica y soñadora y amante de la filosofía.

lobo.jpg Lobo: fue un niño criado por lobos y rescatado por Xiana en la antigüedad. Acaba siendo su pareja y forma parte de la tribu de los pieles roja, aunque no es tan bien aceptado como Xiana. Lobo es casi inmortal, pues no envejece y se cura instantáneamente gracias a un hechizo de su padre, un mago vudú africano. Debido a eso ha vivido desde la primera vida de Xiana hasta la actualidad y será la clave para hacer que Eva recupere los recuerdos de Xiana. Es imprescindible que lo haga porque solo ella puede levantar la maldición.
En la actualidad vive apartado del mundo en un chalé en la linde de un bosque francés. Es reservado, poco hablador y antisocial. No soporta los ruidos de las ciudades, los espacios cerrados ni las alturas. Por su larga etapa como niño lobo cree que nunca podrá formar parte de ninguna sociedad ni será aceptado por el mundo. Ignorante de que Xiana y los indios siguen vivos, sigue adelante en soledad, consolándose con los pequeños placeres diarios, sus paseos por el bosque para cazar y su perro lobo, hasta que Sakima, Nidawi y Wapasha van a buscarlo.

El Gran Enemigo.jpg   El Gran Enemigo, Biagio Incerto: antagonista, también objeto de la maldición. Es el piel pálida que desea arrebatar a la tribu sus terrenos porque cree que encontrará oro en las montañas. Lleva la guerra hasta los indios convenciendo a los demás pieles pálida que los pieles roja son peligrosos. Para evitar muertes innecesarias, Xiana le ofrece un pacto: un duelo a muerte. Xiana acaba victoriosa y le perdona la vida, pero Biagio no cumple las normas del duelo y le dispara acabando ella herida de muerte.
Durante todas sus reencarnaciones se las ha arreglado para montarse complejísimas redes criminales de venta de drogas, préstamos ilegales y prostitución. Durante el paso del tiempo ha amasado una gran fortuna y un pequeño ejército. Pretende cambiar la maldición para en vez de reencarnarse una y otra vez con cada muerte lograr ser inmortal y no envejecer. Para ello necesita a Xiana-Eva, a Lobo y a la máscara mágica de la tribu.

PERSONAJES SECUNDARIOS

Sakima.jpg  Sakima Ojos de Águila: es el Gran Jefe de la tribu de indígenas. Fue quien encontró a Xiana poco después de que escapara del esclavista y quien se la llevó al poblado viendo en ella alguien importante. Acaba enamorándose de ella con el tiempo pero no lo confiesa y deja que Xiana y Lobo vivan en paz su relación. Actúa como un rey, con poder absoluto e incuestionable, de forma sabia y prudente. En la primera reencarnación decidió crear un sistema complejo, como una especie de organización secreta, para mantener protegidos y controlados a todos los indios malditos a la vez que buscan a Xiana. En la actualidad esa Organización posee varios negocios y empresas, pisos por todo el mundo, su propio laboratorio y sistema médico, y una gran red de formadísimos profesionales en medicina, informática, criminología, filosofía, artes marciales, economía etc. Mediante la Organización puede asegurarse de que los indios malditos estén comunicados en cada reencarnación.

Wapasha.jpg   Wapasha: con el poder de la telepatía, es el fiel consejero de Sakima. Con su don es capaz de manipular a quien quiera, desvelar los secretos más ocultos y sentir todas las alegrías y las penas. Recibió el don como premio de la máscara mágica por haber salvado a Tadi, el sobrino de Sakima, de morir ahogado de niño. Wapasha es esencial para entender la mente de Eva y saber cómo tratarla para ir desvelándole la verdad poco a poco. Lobo bromea llamándolo “mentalista”. Se defiende muy bien sabiendo disparar con un arco de poleas. Wapasha es junto con Heta mi personaje favorito, porque es una de las personas más comprensivas, entregadas, altruistas y humildes que podrán existir jamás (aunque sí en mi imaginación).

Tadi.jpg  Tadi: experto informático de la Organización y sobrino de Sakima. Es quien localiza en la actualidad a Xiana-Eva. Es el prototipo de informático friki superdotado, con ciertos aires de vanidad y egocentrismo tapados con una ansiedad profunda.

Heta.jpg  Heta: la hija de Sakima y princesa de la tribu. Con una personalidad muy marcada, se adapta a todas las circunstancias y formas de vida, suele ser sarcástica y con un sentido del humor un poco macabro. En la penúltima reencarnación se crio en China y se convirtió en una experta ninja. Lucha con una katana roja con dragones y con shuriken. Sakima la nombra guardiana de la máscara, así que su deber es protegerla y llevarla siempre consigo, por eso es uno de los objetivos de Biagio Incerto. Lobo se burla a veces de ella por ser india y a la vez ninja, por la mezcla estrambótica de culturas que muestra. Heta está muy unida a Xiana, su relación es como de hermanas.

Nidawi Cabello de Plata: el hechicero de la tribu, guía espiritual y protector de la máscara mágica hasta que Heta es nombrada guardiana. Puede contactar con los espíritus de los muertos, hablar con la naturaleza, leer en el viento, fabricar pócimas y algunos hechizos, y a veces tiene sueños proféticos o sobre el pasado. En su vida actual de joven fue hechicero vudú, pero lo dejó por miedo a esa magia negra y vive retirado en París. Amante de la soledad y la tranquilidad, es sabio y prudente, pero poco dado a la defensa personal.

Kimana: hermana de Sakima y madre de Tadi. En la antigüedad siempre anheló un poder propio, por lo que hace un terrible pacto con la máscara: su don a cambio de la vida de su hijo. Cuando Tadi está a punto de morir Wapasha lo salva. La máscara concede igualmente el don a Kimana, pero ella se ve condenada a una vida de perpetua culpabilidad, vergüenza y mentiras. Oculta su poder de transformarse en una mariposa, incluso se aísla para que Wapasha no pueda leerle el pensamiento. En su tercera reencarnación se enamora de un piel pálida ajeno a la Organización y se queda embarazada de él. Por eso huye de la tribu y corta toda relación, y la casualidad o el destino hace que Biagio Incerto la encuentre poco antes de dar a luz. Entonces se une a él y lo ayuda en su búsqueda de Xiana y de la máscara. Los indios lo ignoran, solo lo averiguan en la segunda parte.

 


SEGUNDA PARTE: RECORDADME QUIÉN FUI

SINOPSIS: Continuación directa de “Sin pruebas no os creeré”. Tras ser secuestrada por Biagio Incerto, Heta es sometida a la tortura para confesar la combinación de la bolsa de la máscara mágica. Biagio Incerto busca pactar con los espíritus para obtener su propio don, pero al precio de que los espíritus sean liberados. Esto traería como consecuencia el fin del mundo. Wapasha, Lobo y Eva se reúnen en Berlín con los demás pieles rojas a pesar de las órdenes de Sakima. Eva intenta con todas sus fuerzas recuperar sus recuerdos, Lobo es la clave. Los pieles rojas quieren rescatar a Heta y a Nidawi y evitar que El Gran Enemigo utilice la magia de la máscara en propio beneficio. Se nos revelará cómo Biagio Incerto llegó a ser lo que es, cómo se creo la máscara mágica y la Tribu del Lago. Una reflexión sobre la venganza, la justicia, el amor, la esperanza, el sacrificio, el heroísmo y la entrega a los seres queridos.

LINK DE COMPRA:https://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_noss_2…

Recordadme quién fui, segunda ed. (novela de fantasía en el mundo real actual, magia, reencarnación, venganza): Segunda parte de Sin pruebas no os creeré de [Herguedas Verdía, Lucía]

FRAGMENTOS:

La muerte definitiva… ¿qué le esperaría en el Más Allá? No hay nada como el terror a la muerte para que uno, hasta el más cruel villano sin corazón, tome conciencia de todos sus crímenes y se dé cuenta de que tal vez, aunque para él no hayan sido más que simples niñerías, para otros (aquellos o aquel que juzgara las almas de los muertos) serían razones para condenarlo a castigos eternos.


Cuando Heta abrió los ojos su primera visión fue del techo blanco de la habitación. Notó que había una ventana abierta, pues la brisa marina se colaba en el interior acariciándole la cara, y los rayos tibios y agradables del sol caían sobre sus piernas. Esperó hasta tener consciencia de todo su cuerpo, que le llevó un tiempo porque se sentía adormilada y torpe, como si su mente se hubiese retirado de los músculos, huesos y poros de la piel.
Comprendió que estaba tumbada boca arriba sobre una cama, y se preguntó cómo había acabado allí. De pronto recordó la escena en el desierto y se sobresaltó.
Se incorporó con cuidado para inspeccionar su situación, pero la habitación no ofrecía nada que pareciera peligroso, amenazante o que le diera algún dato interesante acerca de dónde se encontraba.
En la ventana abierta unas rejas metálicas verticales impedían usar esa vía de escape. Las cortinas blancas ondeaban movidas por la brisa. Recorrió la habitación con la vista, era una estancia bastante agradable y acogedora. Parecía recién pintada, las paredes blancas estaban impecables y relucientes y la moqueta azul marino del suelo parecía nueva. La decoración constaba de pequeños cuadros de inspiración marinera, algunos muebles blancos de tiradores de cristal, una mecedora de cojines a rayas blancas y azules y dos camas en paralelo con edredones a juego. Dos puertas pintadas de azul marino eran las únicas salidas de la habitación. Una estaba entreabierta, y Heta vio desde su posición que daba paso a un cuarto de baño de azulejos blancos. La otra estaba cerrada.
—No te molestes en levantarte de la cama —dijo una voz conocida desde el interior del baño—. Estamos encerrados.
Nidawi apareció en la habitación. Tenía una expresión de conformidad en el rostro, como si ya se hubiera rendido.
—¿Qué haces aquí? ¿Dónde estamos? —preguntó Heta confusa, sintiendo la lengua pastosa y la boca seca.
—El Gran Enemigo nos ha traído a su mansión en Miami, pronto vendrá a visitarnos y te enterarás de más detalles. —Nidawi se sentó en la mecedora del rincón—. Si estás mareada es porque te han drogado, estabas herida y te inyectaron unos analgésicos.
—Uii, cuanta amabilidaaaaad… —murmuró ella con ironía.
Se inspeccionó el cuerpo en busca de heridas. Tenía un brazo escayolado y una venda en la otra mano, pero no sentía ningún dolor.
Se levantó con cuidado y esfuerzo para ir al baño. Se encontró con que había un espejo colgando de la pared sobre el lavabo, y miró detenidamente su reflejo. Tenía puntos en un lado de la frente, el labio inferior hinchado, el pelo sucio y enredado y unas grandes ojeras.
—Qué horror. Bueno —dijo en voz alta para que Nidawi la oyera—, al menos nos han puesto en una habitación bonita y no en una mazmorra medieval. Ah, mira, si hay una ducha y una bañera, jabón y champú. Podría darme una buena ducha caliente. Esto es casi como un hotel.
—Tu sarcasmo nunca me ha hecho gracia, Heta —respondió Nidawi desde la mecedora del rincón, que hacía balancear tranquilamente.
Heta regresó a la habitación y se lo quedó mirando con los brazos en jarras.
—¿Ha dicho ya qué quiere de nosotros? ¿Dónde está la máscara?
—No lo sé, estarán intentando sacarla de la funda. Me han interrogado varias veces para sonsacarme la combinación, hasta que por fin comprendieron que solo tú la conoces.
—¿Por eso me están haciendo la pelota? Pues pueden esperar sentados si piensan que la voy a revelar.
—Me parece que El Gran Enemigo es un poco más inteligente y ya se espera esa reacción de ti. —Cuando la mecedora se inclinaba hacia delante, los rayos de sol coincidían sobre el rostro arrugado de Nidawi, haciendo brillar sus ojos negros y profundos.
—¿Y a ti para qué te han traído?
—Supongo que necesitan a alguien que controle la máscara. Nadie mejor que yo para hacerlo.
—Pero sin Xiana no puede romper la maldición.
—Nos mantendrá encerrados hasta que consiga dar con ella. A lo mejor ni siquiera sabe que la necesita.
Heta se quedó en silencio.
—Nidawi, ¿y si hay micrófonos y cámaras ocultas en la habitación? Sugiero que no revelemos ningún dato que pueda necesitar El Gran Enemigo.
—Quedarnos callados va a ser muy aburrido.
—¿Me echabas de menos, eh?
La puerta que daba al exterior se abrió suavemente dejando paso a El Gran Enemigo y a Kimana. Él llevaba un traje muy elegante de color blanco roto, con una corbata a rayas moradas; ella vestía un atuendo tradicional indio.
Dos escoltas se quedaron en el pasillo para evitar que los retenidos se fugaran. El Gran Enemigo dejó la puerta abierta, mostrando la gran confianza que depositaba en los escoltas.
—¡Tía Kimana! ¿Qué demonios estás haciendo aquí? No puede ser que nos hayas traicionado. Qué vergüenza. Me das pena. —Heta escupió a los pies de Kimana, quien desvió la mirada sin responder nada.
—Eres muy inteligente, chiquilla —dijo Biagio—. Aunque ya hemos escuchado lo suficiente a través de las cámaras y micrófonos ocultos en la habitación. Qué pena que no hayas dicho nada nuevo que no sepamos.
—No me llames así, sabes que soy tan vieja como tú —reprochó Heta con el odio de la voz a juego con su mirada.
—Espero que hayas apreciado nuestro gesto, os hemos puesto juntitos en la misma habitación. Es bonita, ¿verdad? Y con baño propio, como en los hoteles. —El Gran Enemigo se rio al burlarse de las palabras de Heta, quien apretó los dientes con furia—. Te hemos arreglado el brazo y curado tus heridas. Solo es una demostración de lo amables que podemos llegar a ser. Si colaboras, te trataremos bien.
—No voy a darte las gracias.
—No te las pedía. Supongo que te imaginas por qué estás aquí. —La voz de Biagio era suave, tranquila y melodiosa, como hechizante. Heta ya conocía la facilidad de palabra de Biagio y su don diplomático, que en el pasado no habían funcionado con la Tribu del Lago.
—No voy a darte la combinación de la bolsa de la máscara —resumió Heta.
—Tal vez no voluntariamente. Pero tranquila, soy muy previsor y ya tenía un plan por si te negabas a colaborar. Por suerte tengo aquí a mis amiguitos, que me harán el trabajo sucio, a mí no me gusta mancharme el traje.
Chasqueó los dedos y uno de los escoltas del pasillo entró en la habitación y se dirigió directamente hacia Heta. Ella no retrocedió, se plantó firme con los pies clavados en el suelo y sin parpadear, orgullosa. El recién llegado la agarró por el cuello con ambas manos y apretó, cortándole la respiración. Heta agarró las muñecas del hombre por impulso y el instinto la obligó a intentar separarlas de su cuello, pero él era demasiado fuerte. Un minuto y medio después, Heta empezó a manotear y a retorcerse desesperada por liberarse del ahogamiento.
Nidawi se levantó de la mecedora, incapaz de permanecer tranquilo y pasivo, aun sabiendo que no tenía posibilidad de conseguir algo si se atreviese a intervenir. El Gran Enemigo llamó al otro escolta para que se ocupara de inmovilizar al viejo hechicero, solo por si acaso se le ocurría hacer alguna tontería.
Cuando Heta estaba empezando a adquirir una tonalidad violácea, el hombre que le apretaba el cuello relajó la presión. Heta boqueó desesperada y tosió repetidamente, acabando medio doblada. Luego, cuando se recuperó, escupió contra la cara del mercenario que había intentado asfixiarla, con tan buena puntería que le atinó. El hombre apenas se inmutó, o por lo menos no dejó mostrar si su orgullo había salido malparado; se limitó a limpiarse la saliva de Heta con la manga de su uniforme negro.


 —El castigo elegido son veinte latigazos en la espalda de Wapasha. Lo haré yo mismo, ya que soy el juez me hago responsable de mi decisión.

Sakima cogió algo que colgaba de su cinturón y lo alzó para enseñarlo al público que miraba desde abajo. Era un látigo enrollado. Nadie dijo nada, y Eva ni siquiera se atrevía a respirar. Mientras Sakima iniciaba el descenso por la escalinata seguido de un cabizbajo y avergonzado Wapasha, Eva se acordó de Lobo sin saber la razón. Lobo había decidido quedarse en su dormitorio como protesta por el castigo elegido por Sakima. Eva tampoco estaba de acuerdo con el Gran Jefe, tal y como le había manifestado en el despacho, pero creía que era más importante apoyar a Wapasha. Los pieles rojas fueron apartándose para dejar paso a Sakima y a Wapasha. Una vez que llegaron al último escalón, la multitud creó un pasillo hasta el centro del vestíbulo, en donde una tarima estaba preparada esperando el macabro espectáculo. Sakima y Wapasha caminaron hacia allí lentamente, el primero con la cabeza bien alzada y el segundo con la mirada clavada en sus pies. Subieron a la tarima con ayuda de una pequeña escalera de mano. Sakima se quedó mirando hacia el público, agarrando con ambas manos el látigo, mientras Wapasha se desabrochaba la camisa con manos temblorosas, se recogía la melena y se colocaba de espaldas a Sakima, preparado para recibir el castigo. Eva podía ver su piel morena empapada de un sudor producto del miedo y la tensión. Por un segundo creyó que esa espalda sudada era la suya propia, imaginándose que era ella quien estuviera sobre la tarima esperando los latigazos. Inconscientemente apretó con las manos el final redondeado de los apoyabrazos del silloncito, provocando que sus nudillos se pusieran blancos.

—Estoy listo —anunció en voz alta y temblorosa Wapasha. Sakima se giró muy despacio, cogió aire y desplegó el látigo. El primer latigazo fue repentino, violador, un estallido de miedo que se clavó en el pecho de Eva y que le hizo cerrar los ojos instintivamente, asustada por el chasquido. Wapasha se estremeció pero no gritó, y eso provocó que la tensión y la admiración de Eva creciesen. Sakima contaba en voz alta los latigazos, los cuales al principio caían sin descanso pero después iban espaciándose cada vez más. En el tiempo entre chasquido y chasquido, el público se contenía de provocar ningún sonido, tanto por miedo hacia Sakima como por respeto al dolor de Wapasha. Al décimo estallido, Wapasha cayó de rodillas mientras la sangre le resbalaba por la espalda mezclándose con las gotas de sudoración. Eso no hizo que Sakima dudase de su papel como ejecutor del castigo, ni apeló a su misericordia. Cuando tomaba una decisión, la llevaba hasta el final.


—Pocahontas ha resumido todo el proceso de las sensaciones de los pieles rojas malditos en fases —siguió Yoomee—. La primera es la confusión y corresponde a la primera reencarnación hasta la primera reunión. La segunda es la organización, se refiere a la etapa de nacimiento de la Organización y establecimiento de normas por Sakima. En la tercera etapa los indios están esperanzados buscándote. En la cuarta se dan cuenta de que el desarrollo de la humanidad es impresionante y quieren aprovecharse de él. Tú estarías en esa etapa con todo lo que acabas de decir. En la quinta siguen buscándote, pero tras haber sido testigos de numerosos sucesos históricos terribles, se dan cuenta de que el progreso conlleva dolor y sufrimiento. En la sexta están tan hartos de pasar por la fase de muerte, nacimiento y crecimiento que quieren descansar por fin, pero no pueden y por eso están impacientes porque manipules la maldición con la máscara.

—No todos estamos en la misma fase —matizó Pocahontas—. Algunos siguen en la tercera, unos pocos en la quinta y muchos en la sexta habiéndose saltado la quinta.

—Impresionante tu teoría —dijo Eva absorta y ahíta de información—, eres una mujer muy inteligente y con muchos conocimientos.

—Gracias —respondió Pocahontas encantada—. Soy licenciada en Psicología y Filosofía. En mis libros mezclo ambos conocimientos con la intención de ayudar a nuestros hermanos a comprenderse a sí mismos, entender mejor nuestra situación y aceptarla en lugar de caer en la desesperación.

—Entonces, vosotras que parecéis saber tanto sobre psicología —resumió Eva—, ¿qué consejos podéis darme para recuperar la memoria?

—En mi opinión, estás demasiado tensa y te autocontrolas porque tienes miedo de tus propias capacidades. Si te relajas, tal vez con meditación o yoga, quizás poco a poco comiences a tener recuerdos inconexos, y con el tiempo podrás relacionarlos. Creo que te podría ayudar que te relaciones con los pieles rojas de la mansión; habla con ellos, pregúntales cosas, memoriza sus nombres y sus caras —respondió Yoomee.

—Para eso necesitaría mucho tiempo —la contradijo Pocahontas—. Lo mismo hace un buen orgasmo.

—¡Pocahontas! —gritó Migina escandalizada.

—¿Qué? Como si no pensaras lo mismo. Pruébalo, tienes a Lobo, ¿no?

Eva se puso colorada y empezó a tartamudear debido a la timidez. Ya estás otra vez, contrólate.

—Yo no quiero utilizarlo de esa manera, no es un objeto. ¿Y si no quiere hacerlo?

 

 


 

 

Cuando el interior de la máscara tocó su piel, notó un escalofrío. Apartó las manos del exterior de la máscara y esta se quedó adherida a su rostro. Algo comenzó a moverse sobre su piel, frío como el hielo, pero seco. Reptó cubriendo su nariz, mejillas, frente, boca y barbilla. Esperó muy atento a las sensaciones físicas que le transmitía el proceso, hasta el punto de que tenía la mente en blanco. Transcurrieron dos segundos desde que los tentáculos finísimos acabaron de extenderse. Luego pasaron de ser una agradable sensación reconfortante a miles de agujas con vida propia que le perforaron la piel sin ninguna consideración, muy profundamente hasta agujerear los músculos faciales y el cráneo y llegar hasta su cerebro.

Los aparatos médicos registraron el aumento del ritmo de su respiración y de los latidos de su corazón. Su temperatura corporal, sin embargo, había descendido peligrosamente varios grados en apenas unos segundos. En el momento en que los tentáculos conectaron con sus neuronas, Biagio sintió que su mente era transportada muy lejos de su cuerpo, como hacia otra dimensión. Perdió toda sensibilidad y noción física, aunque era capaz de oír y ver.

Una sinfonía de colores que se movían como manchas de pintura viva lo rodeaba por todas partes, cambiando constantemente a capricho, de formas reconocibles a otras grotescas, o a sombras que imitaban los seres físicos del mundo real. Captaba un zumbido de fondo mezclado con un pitido ininterrumpido, pero no sabría decir de dónde procedían.

Esperó manteniendo la calma a que ocurriera algo dentro de ese universo irreal, a que una forma inteligente contactara con él y se diera a conocer. Sus latidos se regularizaron y su respiración se volvió lenta, porque le relajaba contemplar los colores vivientes y el zumbido lo abotargaba. Pero de pronto los sonidos se convirtieron en tres voces fantasmales que hablaban a la vez como si tuvieran una sola mente. Su aparición, sin forma física que pudiera ver, fue tan repentina como una explosión.

—¿Quién eres tú? No eres un habitual, no, no, no… —Las tres voces tenían timbres irreconocibles en sexo y edad, y parecían contestarse a sí mismas adentrándose en el subconsciente de Biagio—. ¿Qué quieres de nosotros? Ahhhh, no pretendes hacer daño a nuestro soporte físico.

—Me llamo Biagio Incerto —se presentó él formalmente. Creyó que lo mejor era dejar la confesión de sus intenciones para más tarde, cuando se hubiera ganado la confianza de los espíritus. Si se hubiese parado a pensar cómo demonios había hecho para hablar sin utilizar su cuerpo físico, se habría vuelto loco.

—Sí, sí, lo vemos en tu mente… ¡Oh! Pero nuestros protectores tenían recuerdos de ti con otro nombre. Sí, sí, el Gran Enemigo. ¡Tú hiciste mucho daño a nuestra tribu! —gritaron con ira.

El eco rebotó en el espacio extraño y su fuerza le nubló los pensamientos. Los colores que se movían a su alrededor se difuminaron y emborronaron mezclándose unos con otros y encogiéndose en la oscuridad como bichitos asustados.

—¿Deberíamos castigarlo? —Cuchicheos incomprensibles. Biagio creyó que las tres voces se habían independizado y se habían puesto a parlamentar—. Nosotros ya te hemos castigado, sí, sí. Sin embargo, no vemos dolor en ti, ni sufrimiento. Eres avaricioso y oportunista, sí, sí. Vaaaayaaaaa, así que te parece divertido que la maldición de Xiana te otorgara una especie de inmortalidad. Tú no eres como los pieles rojas, no, no. Ellos no temen a la muerte, pero tú sí. Y eres avaricioso, quieres ver el futuro. ¡Ah! ¿Y quieres que nosotros te ayudemos? Qué halagador creer que tenemos semejante poder. No podemos darte la inmortalidad completa, al menos utilizando solamente nuestra magia.

 


Lobo la notó tan deprimida que al fin se atrevió a acercarse a ella y acabó abrazándola. Xiana cerró los ojos y se apoyó contra él dejándose mecer por su calor y los latidos de su corazón.

—Tu leyenda no ha muerto, no ha sido en vano todo lo que hemos hecho —susurró Lobo en el oído de Xiana. El aliento de él le provocó un escalofrío exquisito—. Fuimos unos justicieros, unos liberadores, unos vengadores de injusticias y de esclavitud. Otros tantos siguieron nuestro ejemplo, mira todos los personajes que a lo largo de la historia se rebelaron contra los abusos y reivindicaron la prohibición de la esclavitud. Todos fueron unos valientes al enfrentarse a las normas de su sociedad, a sus costumbres, sabiendo que corrían el riesgo de ser vituperados, rechazados, detenidos e incluso ahorcados.

—Tal vez las cosas no sean como antes, pero olvidas que la esclavitud sigue existiendo, aunque sea en otras formas —lo interrumpió Xiana. Estiró los brazos, que aún tenía encogidos sobre su pecho y apretados contra Lobo, y rodeó la cintura de su esposo con fuerza. Él era su amarre para no perderse en el mar de la desesperación; era los pies para que toda su estructura de carne, huesos y sangre no se cayera por su propio peso; era la persona que le recordaba que cuando pensara que todo estuviera perdido siempre habría una esperanza, que tendría que seguir luchando.

—Cariño, es imposible hacer que toda la maldad del mundo desaparezca. La gente no puede ser totalmente buena, ni totalmente mala. Es la naturaleza del ser humano.

—Todos tenemos bondad y maldad dentro… —resumió Xiana—. No quiero pensar que el Gran Enemigo tiene bondad. Cómo lo detesto.

—Yo también, él te asesinó y te alejó de mí… Menos mal que te he recuperado. No sabes lo perdido que estuve sin ti.

—Si tú murieras, me quitaría la vida porque no soportaría seguir viviendo sin ti.

—Yo nunca podré hacer eso —sollozó Lobo—. Soy casi inmortal, nada puede hacerme un daño irrecuperable. Tú envejecerás y morirás otra vez, pero yo no. Si rompes la maldición, te perderé otra vez para siempre.

—Queda mucho tiempo para eso, prometo no morirme antes de llegar a los ochenta. Lobo apretó más su abrazo, como queriendo atrapar el alma de Xiana para que no se escapara jamás.

—Hazme una promesa, aquí y ahora —le pidió ella.

—¿Qué promesa?

—Que cuando yo muera seguirás luchando contra las injusticias. Que serás el protector de los pobres, de los desvalidos, de los inocentes. Que seguirás con mi legado. —Xiana se apartó un poco de él para poder mirarlo a los ojos.

—Eso es un compromiso muy grande, lobita. Puede que me cure muy rápido, pero no tengo superpoderes. No puedo mover las cosas con la mente ni leer los pensamientos de la gente. Además, estaría tan desolado por tu pérdida que no tendría ganas de enfrentarme al mundo… ¿Y si vuelvo a perderme en el bosque y me convierto en un salvaje?

—No pasará eso, confío en ti. Prométeme que harás lo que puedas; no quiero que seas un superhéroe, solo una persona que se rebela ante las injusticias y la criminalidad, que no se queda pasiva.

Lobo se lo pensó durante unos veinte segundos, que a él le parecieron transcurrir muy rápidos y a ella muy lentos, y luego se lo prometió. Lo sellaron con un beso profundo, de labios contra labios, lenguas enrolladas en la tormenta de sus salivas, en sus bocas como una caverna dividida.


Abrió los ojos, pero su vista nublada no le permitió distinguir la escena que la rodeaba hasta que parpadeó varias veces. Su mente trabajaba despacio, necesitó varios segundos para interpretar lo que sucedía. Primero notó el dolor de su nariz, la sangre que le resbalaba hasta los labios y el dolor de cabeza. Al preguntarse qué le había pasado, regresaron sus últimos recuerdos en sentido inverso.

—Lobo… —quiso gritar, aunque solo le salió un patético murmullo.

Se dio cuenta al recuperar la sensibilidad de todo su cuerpo, de manera progresiva, de que se encontraba tumbada en el suelo sobre una alfombra persa. Se incorporó con dificultad apoyándose en las manos, pero no fue capaz de levantarse y se quedó sentada. Entonces estudió la habitación.

Se trataba de un gran dormitorio a dos alturas al fondo de la cual, tras tres escalones, se situaba un majestuoso lecho de cortinajes de terciopelo y cabecero de madera oscura. Las paredes intercalaban grandes ventanas de cortinas a juego con la cama y reproducciones de obras pictóricas famosas. A través de las ventanas averiguó que ya había amanecido, la luz exterior aún era anaranjada sobre el jardín. Podía ver los cuerpos destrozados de algunos pobres desgraciados que había lanzado por la ventana.

—Hoy has demostrado tu gran poder, Xiana —dijo una voz conocida detrás de ella—. Parece que te esforzaste en ocultarlo, pero al final has caído en la tentación. Ya casi no tienes secretos para mí. Pensé que lo sabía todo sobre la tribu maldita… pero cierta persona en la que confiaba no me lo contó todo. Fui un estúpido al confiar en ella.

Xiana no se movió, notó que el individuo al que pertenecía la voz caminaba hacia ella y la rodeaba para colocarse delante. Su silueta se reflejó nítidamente en la superficie del suelo de mármol limpísimo y brillante.

—El Gran Enemigo —murmuró ella, escupiendo sangre y saliva a los zapatos negros de Biagio. Eran unos zapatos de piel confeccionados a medida, tan brillantes y limpios como el mármol que pisaban. Combinaban perfectamente con el traje de marca, la corbata de seda y los gemelos de oro. Biagio presentaba un aspecto enfermizo que resaltaba con su vestimenta. Al parecer no estaba recuperado del todo tras el contacto con la máscara mágica.

—Así es como me llamáis vosotros. —Biagio chasqueó los dedos mientras se miraba con asco los zapatos que Xiana había ensuciado con su escupitajo.

Al instante una camarera de uniforme pasó al lado de Xiana y se agachó para limpiar con un paño los zapatos de Biagio. Luego se retiró con la mirada agachada, sin atreverse a pasar cerca de Xiana.

Esta al fin se giró para contemplar el panorama que quedaba a su espalda. Comprobó que la habitación aún se prolongaba unos veinte metros hasta la pared del fondo, donde se encontraba la única salida. Todas las figuras de los presentes se reflejaban en el mármol claro del suelo, creando la ilusión de un mundo paralelo. La mayoría eran mercenarios de Biagio, uniformados de negro, con botas militares y pasamontañas. Todos estaban armados. Delante tenían maniatados y de rodillas a Heta, Sakima, Nidawi y Lobo. Mostraban varias heridas y golpes, Lobo estaba recubierto de sangre. Los cuatro la miraron con ojos brillantes en los que no había prueba de miedo.


 

Apenas habitaban doscientos pieles rojas en la mansión de Berlín. Pocos habían regresado de la misión en la isla del Gran Enemigo. Unos días después del regreso a Berlín, todos se reunieron en el jardín de la mansión y Sakima, Nidawi y Xiana llevaron a cabo el ritual tan esperado con la máscara. Fue un momento muy tenso, ya que no sabían cómo reaccionarían los espíritus al contactar con Xiana, después de lo sucedido en la mansión de Biagio Incerto. Nidawi tuvo que recurrir a todo su potencial y a todos sus hechizos para controlar a los espíritus; Xiana hubo de pelear en su mente contra el intento de posesión de los espíritus. Estuvo a punto de ser vencida, pero los hechizos de Sakima la ayudaron. No quiso plantearse si era más fuerte que Heta, por qué ella no había logrado vencer a los espíritus prisioneros, por qué se había rendido a la posesión. En cierta manera, Xiana estaba enfadada con Heta por no hacer sido lo suficientemente fuerte. ¡Si lo hubiera sido, tal vez no estaría en coma!

—¡Os ordeno que deshagáis la maldición que yo misma os pedí! —gritó a los espíritus.

En ese momento Nidawi le hizo un corte en la mano con el cuchillo ceremonial y recogió la sangre que se derramaba en un cuenco. A continuación untó el líquido sobre la máscara con los dedos y vertió el resto en el fuego sagrado.

Nidawi se encargó de guardar la reliquia envuelta en unos paños hasta que llegara el momento de destruirla. Sakima había concordado que, una vez deshecha la maldición, la máscara sería destruida. Las ventajas de su existencia no podían competir con la amenaza de su poder. Hasta que no pudieran comprobar que la maldición no los afectaba, la máscara estaría a buen recaudo.

Xiana bailó con los demás pieles rojas al ritmo de los tambores y las flautas. Ahora que llegaba el momento de la verdad, de la posibilidad de la muerte definitiva, algunos estaban deseando el descanso eterno.

 
RESEÑAS:
 Las ediciones en papel incluyen hermosas ilustraciones al comienzo de cada capítulo; las escenas se separan con el dibujo de una flecha:

 


TERCERA PARTE: LA REINA DEL AQUELARRE

SINOPSIS:

Tercera parte de Sin pruebas no os creeré. El fenómeno de la reencarnación destruye las fronteras entre pasado y presente; una maldición comienza como castigo por el deseo de venganza. La Tribu del Lago no teme a la muerte y desea acabar con esa maldición que no permite que sus espíritus se fundan con la Madre Naturaleza. Los pieles rojas deben adaptarse a la evolución de la historia, la tecnología y las culturas en su búsqueda durante los siglos de la mujer que puede salvarlos.
Ahora, la Tribu del Lago está libre de la maldición; pero cuando los pieles rojas creen que al fin pueden llevar una vida normal, un hombre aparece en la mansión de Berlín para romper la cohesión de la tribu. Por otro lado, XIana-Eva no se contenta y emprende una investigación para descubrir la causa de su amnesia.
Nuevos personajes del pasado remoto de la tribu hacen aparición, movidos por el odio y el deseo de venganza. La Tribu del Lago tiene que volver a adaptarse para hacer frente a circunstancias que jamás había vivido; necesitará más que nunca la lealtad de sus miembros, la confianza mutua, la valentía para luchar contra el mal y salvar el mundo. En esta tercera parte los pieles rojas estarán sumergidos de lleno en el mundo oculto de la magia y las criaturas sobrenaturales.

RESEÑAS:

https://luciaheve.wordpress.com/2017/11/07/recopilacion-de-resenas-de-la-reina-del-aquelarre/


FRAGMENTOS DE LA NOVELA:


El guardia abrió la verja y el vehículo entró en la propiedad. El ama de llaves lo esperó en la puerta principal. El visitante dejó el coche delante, aparcado en el camino, y subió la escalinata con aire muy digno. Saludó educadamente al ama de llaves y le pidió una cita con Sakima y Nidawi. Ella asintió con la cabeza y respondió que estaban avisados. Lo acompañó al interior y lo guio hasta el despacho de Sakima rápidamente, con sus pasitos cortos pero decididos, y sin hacerle ninguna pregunta. Se cruzaron con algunos indios en los pasillos y el desconocido no fue ajeno a la sorpresa que levantaba su presencia allí.

El ama de llaves abrió la puerta del despacho, después de llamar, y lo invitó a entrar. El visitante cruzó el umbral y se aseguró de que la señora desaparecía. Inspeccionó brevemente el espacio y descubrió que Sakima y Nidawi estaban esperándolo ya, sentados en un sofá con un juego de té en la mesita auxiliar. Eligió sentarse en un sillón frente a ambos anfitriones, mientras estos lo taladraban con la mirada. El hombre, totalmente indiferente al examen inquisitivo, carraspeó y sirvió el té en las tres tazas. Ninguno de los dos pieles rojas captó que mientras llenaba la taza dirigida al Gran Jefe, el desconocido murmuraba unas palabras muy discretamente y apenas sin mover los labios. Luego, miró a Nidawi, esperando a que alguien rompiera el silencio.

—¿Quién eres y de qué nos conoces? —soltó Sakima de primeras, incapaz de seguir soportando la tensión, tras el primer trago de su té. Juzgaba que la aparente serenidad y naturalidad del desconocido no iban acordes al momento.

Él se tomó su tiempo antes de responder, necesitaba que el té se asentara bien en el estómago de Sakima; se sirvió tres cucharadas de azúcar en su taza y bebió, ritual que hizo con calma y movimientos lentos y calculados. Su tranquilidad solo sirvió para empeorar la tensión de Sakima y Nidawi. En cuanto el hombre separó sus labios del borde de la taza, sonrió con confianza y comenzó a hablar:

—Comprendo que estén nerviosos, caballeros, y hayan olvidado sus modales. Me presento: me llamo Roberto Rodríguez y soy hijo de Nidawi Cabello de Plata y Roberta Rodríguez.

—¡No mientas, mequetrefe! —soltó Nidawi poniéndose de pie rápidamente, haciendo gala de una agilidad impropia de su edad—. Yo nunca tuve ningún hijo, no he yacido con nadie desde hace trescientos años, y mucho menos con una mujer de fuera de la Organización… —Sakima le chistó y le propinó un pequeño puñetazo en la pierna para llamarle la atención.

La presentación del visitante hubiera resultado cosa poco importante para alguien ajeno a la Organización y sus normas, pero entre estas la más importante prohibía que sus miembros dejaran descendientes mientras la maldición siguiera activada; aunque Xiana la hubiera revocado hacía relativamente poco, estaba claro que el tal Roberto había nacido antes de que eso ocurriera, y por tanto era la prueba de que Nidawi había roto la prohibición tajante de Sakima.

—No se preocupe, Gran Jefe. Lo sé todo. Para mí no hay ningún secreto respecto a ustedes. Conozco la Organización. No hace falta que sean tan quisquillosos.

Antes de que el aludido pudiera preguntar a Roberto de dónde había sacado la información sobre su existencia, Nidawi volvió a saltar:

—Sakima, sabes que siempre he respetado las normas, ¿no creerás a este desconocido antes que a mí? —El hechicero se giró hacia el Gran Jefe en ademán desesperado. Sakima Ojos de Águila suspiró sonoramente, incapaz de mirarlo a la cara, y sentenció:

—No creeré a ninguno de ambos hasta que vea las pruebas. —Era un asunto tan delicado que el Gran Jefe no quería reaccionar de primeras, debía esperar a estar seguro de lo que decía Roberto antes de tomar medidas para castigar al hechicero de la tribu.

cricket-players-2027502_640.png


Xiana sacó de su bolso el sobre con la fotografía antigua de la mujer que podría haber sido su reencarnación anterior. Después de asegurarse de que seguía a salvo en su interior, la volvió a guardar. Esa fotografía se la había regalado como mera curiosidad la mejor amiga de Xiana-Eva en A Coruña, Cristina, tras haberla encontrado por casualidad en un viaje de vacaciones por la India.

Antes de haber recuperado los recuerdos de Xiana, Eva apenas le había dado importancia, la había considerado una mera antigüedad curiosa, y ni siquiera había pensado que la mujer de la fotografía en blanco y negro pudiera tener algún parentesco con ella. Pero ahora se aferraba al objeto, porque lo consideraba la única prueba de que había tenido reencarnaciones entre la primera y la última, era una pista para descubrir qué había sido de sus anteriores vidas. De modo que le había sonsacado a Cristina todo dato para poder localizar el lugar donde la había adquirido.

girl-158717_640.pngCristina había respondido a todas sus preguntas, extrañada por la reciente obsesión de su amiga por la reliquia. Quiso saber las causas de la interrogación exhaustiva a la que Eva la sometió, pero ella apenas le dijo que era mera curiosidad.

Al día siguiente, Xiana-Eva compró por Internet dos billetes para un vuelo a Nueva Delhi, el que saliera antes. Tres días después, ella y Lobo estaban embarcando en el avión rumbo a la India.

Por suerte para ambos, la tienducha de reliquias que buscaban era bastante conocida entre los autóctonos de Nueva Delhi, sobre todo en la zona más turística. La encontraron muy pronto, relativamente, tras apenas un par de horas internándose entre las calles y preguntando a todo quisque por las tiendas donde vendieran fotografías antiguas, haciéndose entender dificultosamente porque no todos los indios hablaban inglés.

Había apenas unos pocos establecimientos parecidos, y a la tercera fue la vencida, para alivio de Lobo, que no soportaba las callejuelas polvorientas, las moscas, el mal olor de la gente y el movimiento constante de transeúntes, motocicletas y carros. El sentimiento fue breve, pues nada más entrar en la tienducha, un antro de mala muerte, se sintió en un ambiente como de ultratumba, de tan oscuro, abarrotado y maloliente que era. Tuvo que parpadear varias veces para que sus pupilas se acostumbraran al cambio de luminosidad. Le asaltaron tentaciones casi irresistibles de darse la vuelta y marcharse por donde había entrado.


En cinco reencarnaciones, la Organización nunca había sufrido una crisis interna. Por un lado, Sakima quería expulsar al hechicero de la tribu para siempre, como castigo por haber ignorado las normas; por otro, deseaba por encima de todo que el asunto no trasgrediera a toda la Organización, pues se trataba de un castigo tal que la causa debería ser conocida por todos. Pero no quería que nadie supiese del bastardo de Nidawi, ello supondría que la autoridad del Gran Jefe no era suficiente para tener a los indios controlados.

america-1299444_640.png


Sentada en su trono de roca, en las profundidades de una gruta milenaria, la bruja agarró entre sus manos como garras la brillante bola de cristal; su superficie emitía una energía que le producía cosquilleos. El rostro pálido de ojos verdes se reflejó momentáneamente en ella, hasta que la bola se activó y empezó a brillar. Durante años, durante siglos, había dedicado cada día de su existencia a seguir la evolución de los pieles rojas de la Tribu del Lago. Sus penurias la habían hecho feliz, algo solo posible en una mujer de alma negra y enferma como ella. Con el levantamiento de la maldición, todo cambió para ellos, llegó una época de esperanza, luz y sueños. La bruja no se sentía satisfecha, quería que siguieran sufriendo; ella había sufrido durante mucho tiempo, y ellos tenían que pagarlo.

Algo ocurrió unos días antes de llevar a cabo el plan. Su bola de cristal empezó a fallar, ya no le mostraba a los pieles rojas.

La bruja sufrió un ataque de ira como nunca había tenido; ni siquiera su amante pudo tranquilizarla. En esa locura desatada, destrozó muchos de los tesoros que había acumulado durante siglos en su cámara privada de la gruta milenaria. Todavía recordaba cómo había llorado cuando el enfado se le pasó y se dio cuenta de lo que había hecho.

A partir de entonces, todos los días consultaba su bola de cristal durante horas, hasta que esta le consumía las fuerzas. No conseguía avances, la bola se le rebelaba, se negaba a obedecerlprincess-33024_640.pnga. Domarla se convirtió en su obsesión y prioridad, hasta el punto de que descuidaba a sus pupilos y se olvidaba de entrenarlos. Su fiel amante la cuidó durante ese tiempo, no la presionó y se ocupó de suplirla en sus responsabilidades. Dirigió el aquelarre mientras ella estaba trabajando con la bola de cristal. Si no hubiera sido por él, la vida en la cueva se habría convertido en un infierno o un campo de refugiados.


Aquellas dos horas se les hicieron un infierno, y durante apenas cinco segundos Heta se preguntó si de verdad estaba haciendo lo correcto, si no estaba actuando por orgullo y debía tragárselo y volver, por el bien de la tribu y su cohesión. Pero enseguida superó sus dudas al recordar la injusticia cometida contra Nidawi y Wapasha.

Lo que era correcto era demostrar que no estaba de acuerdo con las decisiones del Gran Jefe, apoyar al hechicero de la tribu e iniciar una investigación sobre Roberto Rodríguez. A veces el camino correcto no es el más fácil, y por ello, solo acto para los más valientes. No había nadie más valiente que una piel roja ninja con cuatro reencarnaciones grabadas en su alma.

Los efectos colaterales de ese camino eran inevitables y muy dolorosos para todos, pero debía mantenerse firme para soportarlo y seguir adelante.


De pronto un escalofrío lo recorrió por dentro, empezando en las puntas de los dedos y bajando luego hasta los pies como una ola. Algo, como un espíritu invisible que le susurrase al oído, o tal vez su intuición, le alertó acerca de su más profundo secreto. Inmediatamente, sin ni siquiera preguntarse de dónde venía esa sensación, o si era acertada, cambió de dirección bruscamente, girando sobre sí mismo, y corrió hacia su dormitorio; las alfombras se arrugaron hacia atrás bajo sus pies, las cortinas se ondularon, se tropezó con varios indios y estuvo a punto de irse de narices contra una columna.

Logró llegar, rezando a los espíritus para que protegieran su secreto, todavía en alerta. Abrió el armario con las palmas húmedas, apartó la ropa colgada de las perchas y empujó el fondo de madera. Este cedió un poco y luego se movió hacia un lado hasta que desapareció, dejando a la vista un estante oculto.

Sakima cogió tembloroso el pequeño paquete envuelto en un saquito de cáñamo. Todavía asomado al interior del armario, lo abrió sintiéndose torpe. Comprobó que el objeto protegido dentro seguía intacto. Nadie lo había robado, nadie lo había descubierto


El lugar de encuentro era un pequeño restaurante de comida típica alemana, en un barrio pobre de la capital, de esos de edificios desconchados, fachadas grises y cubiertas de suciedad de la contaminación, callejuelas sin salida, contenedores a rebosar visitados por ratas y cucarachas, antros de mala muerte, vagabundos tirados en la acera y transeúntes de aspecto sospechoso.

Sakima consideraba que era menos probable que alguien metiera las narices allí o curiosease a sus hombres. Estos estaban repartidos por la calle disfrazados de paisanos del barrio, realizando las más inocentes actividades: leer un periódico en un banco, pedir limosna en la acera, pasear de un lado para otro, atender un puesto de perritos calientes, repartir publicidad, pasear al perro, pintar un grafitti, vociferar que iba a llegar pronto el apocalipsis; había quienes fingían hacer servicios públicos como poner multas, barrer inmundicias o repartir el correo.

skyline-820991_640.jpg


En el reservado sucio y oscuro de la tetería, Wapasha había apoyado la espalda contra la pared y mantenía la mirada fija en un punto indefinido de las cortinas. Heta comunicó a Tadi por videoconferencia que Wapasha había establecido contacto con Roberto. Ambos esperaron a que el mentalista recopilara información con sentido para poder transmitirles algo coherente.

Primero sintió una ráfaga de sonidos y colores mezclados, que poco a poco se definieron como parte del ambiente en que se insertaba Roberto. Estaba en un coche conduciendo por Berlín, pudo ver el semáforo en rojo que lo hizo detenerse y la moto que frenó a su lado. Pitidos, los peatones cruzando delante. Había una vieja en primer plano y una mujer con un carrito de la compra.

Vamos, más profundamente, concéntrate.

Buceó en su mente, rápidamente los recuerdos se sucedieron en sentido inverso hasta solaparse, pero él era capaz de captarlo todo a la vez. Sentimientos, sueños, pesadillas, conocimientos técnicos, conocimientos sobre magia, temores, sus planes sobre cómo engañar a Sakima y cómo modificó el documento de resultados de ADN. Más, tengo que encontrar la causa de todo. Buscó todo lo relacionado con eso último, personas, sentimientos, ideas, intenciones.


Condujo por el camino de tierra hasta la carretera secundaria. Con las manos apretando demasiado el volante, iba distraído imaginándose mil y una posibilidades acerca de cómo esa mujer había averiguado lo que estaba haciendo la Organización y la causa de su crisis, que la mayoría de indios desconocía. Alguien tendría que haber abierto la boca. Seguro que había un topo en la mansión, alguien cercano a él con buenas dotes de actuación…

Por el carril contrario un vehículo avanzaba sobrepasando el límite de velocidad. Sakima lo miró de reojo con la crítica a punto de salirle por la boca. Pero antes incluso de preguntarse qué clase de concepto del peligro tendría aquel conductor, el vehículo lentamente invadió su carril. Tuvo tiempo de corregir su dirección para esquivarlo; el monovolumen derrapó y estuvo a punto de salirse de la carretera.

—¡Pero qué…!

De pronto, el coche que iba tras él aceleró y le golpeó por detrás. Brevemente perdió el control y espió por el retrovisor, pero no reconoció al conductor. Intentó escapar apretando el acelerador; lo mismo hizo el otro, y el del carril contrario cambió de sentido y lo acorraló lateralmente. Sakima lo embistió con un giro brusco del volante, solo sirvió para alejarlo durante escasos segundos. Enseguida fue acechado otra vez. Entre los dos coches lo estaban dirigiendo hacia un cruce con la vía del tren, donde el semáforo estaba en rojo.

—¡Mierda!

Sakima pasaba mucho por allí hacia Berlín, conocía perfectamente el cruce y la frecuencia alta de paso de trenes. Siempre tenía que detener el monovolumen varios minutos ante el semáforo y veía pasar dos o tres trenes de mercancías o de turismo. Estaba a punto de pasar uno, y a esa velocidad quedaría cruzado en las vías a tiempo para tan horrible muerte.


dracula-151207_640.png

Las sombras negras habían apagado todo color de los toboganes y columpios infantiles. La brisa agitó las cadenas y se produjo un chirrido escalofriante, pero Laura estaba demasiado ocupada pensando en tirarse al desconocido como para sentir la oscuridad terrible del parquecito. Los perfiles de las cosas parecían esqueletos de un edificio en ruinas plagado de fantasmas.

Se sentaron en un banco del fondo, quedándose fundidos en las sombras. El vampiro la abrazó y ella le correspondió. Se besaron en la boca y Laura quedó en trance. Los labios masculinos fueron bajando a besos hasta el cuello de la chica. Allí, los colmillos del vampiro se clavaron dolorosamente, y la lengua chupó el líquido vital de los dos tremendos agujeros. Laura despertó del hechizo, salvada por el dolor y el miedo; se agitó para liberarse de los brazos de aquel loco, pero él era mucho más fuerte y ni siquiera se inmutó, casi como si fuera de piedra. Laura soltó un chillido y el vampiro le tapó la boca con una mano.

—Tranquila, preciosa. He venido a salvarte de tu penosa existencia. Te convertiré en una criatura libre y poderosa. Podrás hacer todo lo que quieras y los humanos te parecerán patéticos y débiles. Dejarás atrás el dolor, comprenderás que tu tristeza no tiene razón de ser.

Laura no podía pronunciar palabra, tanto por el miedo como porque el vampiro seguía apretando la mano contra su boca. Dios mío, no. ¿Por qué a mí? ¿Por qué me está pasando esto?

El vampiro volvió a succionar la sangre de la herida, siguió chupando y chupando, incluso hasta después de que la vista de Laura se volviera borrosa. No paró cuando ella empalideció, ni cuando parecía que le costaba respirar y había dejado de moverse.

El vampiro notó que su corazón estaba a punto de pararse, y fue entonces cuando apartó la boca de su cuello. Se mordió la lengua, dejó que la sangre se acumulase y luego besó a Laura, quien tragó con dificultad el líquido caliente para no ahogarse.


Continuó caminando con más cautela, para no hacer ruido. Más adelante encontró una fila de antorchas mágicas colgadas cada dos o tres metros, lo que le sirvió de guía. Poco a poco, la escarcha iba desapareciendo y el aire era más caliente, por lo que se sintió un poco mejor, a pesar de saber que estaba cada vez más cerca del peligro. Si se encontraba cara a cara con la reina, habría de seguro un enfrentamiento que no podría evitar.

Llegó a una escalinata de roca con los escalones de bordes tan perfectos que no podían ser naturales. Daban paso a una caverna grande y luminosa de planta ovalar, altísima y de techo con dedos puntiagudos de roca apuntando hacia abajo. Relucían con destellos de oro y una brisa de origen misterioso producía hipnotizantes silbidos al perderse en ellos.

Parecía un santuario natural, la grandiosidad podía respirarse, podía sentirse la antigüedad en la piel. Olía a humedad y tierra. A lo largo de las paredes irregulares, adornadas con hielo y pinturas extrañas geométricas, colgaban antorchas mágicas que iluminaban bien el espacio con un tono azulado. El suelo había sido recubierto con diminutas baldosas de mosaico; tal vez habría sido hacía siglos, pero la poca frecuencia de visitas y el frío de la zona las conservaban como nuevas. John pudo notar una energía mágica latente en aquel espacio. Aspiró profundo y se sintió renovado, recuperándose del cansancio.


La transformista dio dos pasos hacia él. Agarró los lados de su capa de plumas y la abrió, envolviendo a Lobo. Inconscientemente, él quiso separarse, pero el agarre de ella era fuerte. La bruja le tapó la cabeza, ocultándole el entorno.

Tres segundos después, retiró la capa, mostrándole la nueva situación. Se habían teletransportado a un bosque oscuro. La niebla agarraba las raíces de los árboles y tapaba el terreno, creando una ilusión de estar sumergidos en agua sucia. La humedad trepó por sus pantalones y se le encogieron los testículos, de frío y de miedo. Las náuseas lo embargaron momentáneamente, pero pudo superarlas.

Poco a poco, se relajó y miró a su alrededor. Olfateó disimuladamente el aire y puso oído al ruido de fondo. Nada paranormal, todo era lo que se pudiera esperar de un bosque.

—Estamos a las afueras de Berlín —explicó ella—. Pensé que te agradaría un entorno natural, sé que te criaste en un bosque. Quiero que te sientas a gusto conmigo.

—No sé… —Si podrá suceder eso, iba a decir.

Recordó que tenía que ganarse su confianza, mostrándose arisco no lo iba a conseguir. Se rodeó el pecho con los brazos, tiritando. Estaba mosqueado, dándose cuenta de que podían estar muy cerca de la sede de la Organización.

La bruja se excusó por no haberse dado cuenta de que no iba abrigado. Sacó las manos de debajo de su capa y fue recorriendo el cuerpo de Lobo. De ellas nacía un acogedor calorcito, que se prendió a la piel de Lobo como un abrigo. Enseguida dejó de tiritar.

La bruja convocó una llama mágica. El hechizo se quedó flotando delante de ellos, un poco por encima de sus cabezas. La niebla a dos metros a su alrededor desapareció. La bruja pisó con fuerza la tierra repleta de nieve derretida. Bajo su bota creció por arte de magia hierba de un color más típico de la primavera, y cientos de flores coloreadas se alzaron hasta la altura de las rodillas. Aquel pequeño oasis se extendió lentamente hasta superar el círculo de luz de la llama mágica.

—Puedo crear para ti un paraíso. Cualquier cosa que quieras solo tienes que pedírmela. Puedo recrear tu bosque. Puedo manipular los árboles para que se enlacen y creen una cabaña para nosotros solos. Encenderemos el fuego en la chimenea y dormiremos bajo la manta… juntos.

Lobo no supo qué responder, pero ella no lo presionó. Sabía que tenía que darle tiempo para acostumbrarse a la magia.


Vrykolatios no precisaba pronunciar palabra para manejar a los indios hipnotizados. Bastaba con pensar claramente lo que quería que hicieran, para que ellos que movieran enseguida como marionetas. Los pieles rojas se colocaron en hilera y de rodillas, con los ojos fijos y vacíos de muñecos sin vida. La sensación de esclavitud total fue nueva para ellos, no se les daba la elección de obedecer o morir; eran más que prisioneros de guerra, eran peleles anulados como personas, meros juguetes que no valían nada, o cuyo precio era la misma cantidad de tiempo en que los vampiros tardarían en matarlos.

Vrykolatios caminó de un lado a otro delante de ellos, con parsimonia, torturándolos con la expectativa. De vez en cuando se paraba unos segundos y acercaba su cara a algún cuello, pero luego se separaba y continuaba con el paseo. Adoraba la tortura psicológica, preámbulo de la verdadera venganza.

eyes-163692_640.jpg


El líquido borboteó y la bruja apartó la mano. Esperó con paciencia y una increíble satisfacción en la cara. Con una explosión procedente del interior del ataúd, que salpicó poción violeta en todas direcciones, un hombre se irguió en toda su esplendorosa y perfecta desnudez. Madre e hijo se contemplaron en silencio durante casi un minuto, el primer saludo y acto de reconocimiento mutuo.

Los ojos de aquel hombre no eran lo único extraño de su apariencia. A pesar de su morfología de músculos comparable a las esculturas de la antigua Grecia, sus rasgos simétricos y elegantes, con pómulos bien definidos, nariz recta y labios rellenos de comisuras exquisitamente curvadas, poseía un algo de monstruosidad en el color violeta de su piel. La tonalidad de la poción mágica. Tenía orejas puntiagudas de elfo y ausencia total de pelo, incluyendo genitales, cabeza, cejas y pestañas. Ni dios, ni humano, todo un varón perfecto para ocupar el trono de la Tierra. La magia corría por sus venas, el poder de su madre y el de su padre enlazados, creando al ser más cercano a una divinidad que el mundo podría conocer. Alguien que ni siquiera la reina-bruja igualaba.


La reina llamó con su magia al metal de una barandilla de la terraza inferior. Los barrotes y espirales se combaron y se separaron, dejando cicatrices en la estructura. Volaron obedientemente hacia la cumbre de la torre, mientras se retorcían, doblaban y fundían sus extremos hasta convertirse en largas lanzas de metal.

La reina señaló con un largo índice huesudo y pálido a Lobo. El ejército metálico aumentó la velocidad de su vuelo para ganar la fuerza requerida. Las cuatro lanzas mágicas atravesaron el pecho de Lobo, hasta que las puntas agudas salieron por su espalda. A continuación, los extremos volvieron a combarse en toda su longitud. Envolvieron a Lobo de arriba abajo, atrapando sus brazos contra las costillas y apretando sus piernas.

La presión de las barras metálicas le dificultaba respirar, las terribles heridas no podían cerrarse. Lobo se esforzó por mantenerse en pie y ahogar los gemidos de su garganta. Empezó a toser sangre.

La bruja sonrió, deformando aún más su rostro cadavérico.

—Adiós, perrito faldero de Xiana.

La bruja dibujó en el aire un elegante movimiento en espiral. Las barras metálicas fueron repelidas hacia el mar, con su presa bien amarrada. Lobo fue a hundirse en las frías olas, negras por la noche. El peso del metal lo arrastró hasta el fondo, tan oscuro que perdió la orientación.

Cuando gritó, una cascada de burbujas salieron de su boca. Se agitó, idiota, con la última esperanza de que sus fuerzas fueran suficientes para romper o dilatar el metal. Esperanza, o desesperación.

Lobo nunca había sufrido ahogamiento. Mientras los pulmones le estallaban, se preguntó qué pasaría con su cuerpo y cómo reaccionarían sus poderes.

Su último pensamiento antes de perder la consciencia fue para Xiana, recordando su sonrisa, sus labios, sus caricias, la forma en que pronunciaba su nombre…


—Soy consciente de tu ansiedad por conocer tu pasado en común con mi madre. Ella no ha querido contarte la verdad, pero yo guardo todos sus recuerdos. Si me lo permites, puedo compartirlos contigo…

Xiana se puso de pie, temblando. Los pieles rojas se dieron cuenta de lo importante del momento y se apartaron para dejarles un poco de intimidad. Sin embargo, Lobo y Heta no le quitaban los ojos de encima.

Eero levantó muy despacio una mano violeta y la dejó sobre la frente de Xiana. Ella se sentía pequeña a su lado, era muy alto y musculoso. Ambos cerraron los ojos para entrar en contacto mental.

El torrente de imágenes al principio le resultó doloroso e instintivamente se defendió. Relájate, le dijo una voz en su cabeza. Xiana obedeció, tenía que confiar en Eero, si quería llegar a la verdad. La última oportunidad de descubrirla.

La descarga de visiones se ralentizó al poco, hasta que se detuvo en una imagen nítida.


Aquí podéis conseguir el libro:

Digital:

Papel:

https://www.amazon.es/reina-del-aquelarre-pruebas-creer/dp/1977830331/ref=sr_1_cc_1?s=aps&ie=UTF8&qid=1507653244&sr=1-1-catcorr&keywords=la+reina+del+aquelarre

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: